dissabte, 5 / desembre / 2009

ÚLTIMO CAPÍTULO. QUIÉN TE DIO PERMISO.

Mis queridos lectores....

El mundo que Amira ha querido mostrarnos durante todas estas semanas, llega a su fin. El Capítulo XI es efectivamente su último capítulo.

Os agradezco infinitamente a todos aquellos que habéis seguido la historia vuestra paciencia y vuestro tesón.



Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO XI y ÚLTIMO.

El doctor había hecho una de sus ya habituales visitas, que en los últimos meses se habían convertido en casi una rutina, a la familia Miraflores. Como siempre, tras la oportuna auscultación y la realización de la batería de preguntas que venían a ser siempre las mismas, y para las que prácticamente no había novedad en las respuestas por parte de la paciente, el doctor se reunía con María en el salón para determinar si había cambios en la medicación o si se habían precipitado o no los acontecimientos.

María y el doctor se habían acomodado en la sala de estar, con las cortinas de brocado recogidas a ambos lados de la cristalera mediante sendas lazadas amarillas, por lo que la luz del día inundaba literalmente el salón a través de las enormes cristaleras que daban directamente al porche y al jardín delantero de la casa, descubriendo todo su colorido y suavizando las formas y ornamentos que tanto abigarraban el espacio con la luz artificial de la imponente lámpara de techo. María se encargaba todas las mañanas de abrir las cortinas para dejar que la luz iluminara la estancia bañándola a ella también, le gustaba aquella parte de la casa. El doctor se había sentado en el sillón favorito de Roberto, que no participaba en los cónclaves médicos por resultarle demasiado penoso, y María en el que siempre solía ocupar, uno frente al otro, con un par de copitas de vino dulce sobre la mesa de cristal giratorio.

- Lo siento María , le quedan apenas unos días de vida. Los últimos análisis y la biopsia que le hicimos han certificado que el cáncer se ha extendido por todo su cuerpo. Lo único que puedo hacer es facilitarle un final lo menos doloroso posible. Aún tiene capacidad para comunicarse, pero dentro de poco ya no podrá hacer ni eso. Lo siento mucho, de veras.
- Ha vivido una vida plena rodeada siempre de los suyos, doctor, y de la muerte no se escapa nadie, como usted bien dice deberíamos prepararla para la mejor muerte posible, es lo único que podemos hacer


Aquí mismo, sentada en una banqueta a los pies de esta cama, me hubiera gustado componerle una canción, pero la música se ha mudado a kilómetros de esta enorme cama con dosel y columnas corintias, se ha alejado cojeando entre carcajadas que no saben reír, y que ahora llenan la espaciosa habitación. Cuánto había disfrutado de pequeña de la libertad de poder entrar y salir cuando quisiera de este cuarto, todo un privilegio vetado de manera absoluta al resto de la familia.

En este verano malicioso que más parece un enero redoblado, he saludado con el alba a esta gran mujer todos los días, por entre los matorrales perpetuos de este desierto mundano que habita entre mis diez dedos, como si esta habitación fuera un simple ring capaz de sacarnos de lo absoluto y de lo miserable, arrancarnos este sabor a hecatombe, abrir el ventanal en las horas de sol para renovar el aire, ese aire que parece un polizonte que llevara consigo un memorial de mañanas heladas en pleno verano, donde el vapor sale de las bocas como locomotoras perdidas entre la más fantasmagórica de las madrugadas, ese aire que inevitablemente acababa oliendo a enfermedad, a final próximo, a despedida grave.

Qué pequeña pareces ahora, Victoria, medio incorporada en la enorme cama, con el aún abundante y fino cabello níveo peinado hacia atrás, y recogido en un moño bien alto, no has perdido ni una pizca de coquetería a pesar de la edad, con toda la dignidad arrugada por la experiencia y los años vividos, entre lo que hay y entre lo que no hay vuelvo a ajusticiar el pulso, levantando las cajas que se te han caído de los años, sólo para tener el privilegio de dejarlas sobre la mesa muda de mil consejos que nunca olvidaré.
Te has ido encogiendo lentamente pero tus ojos de ese intenso azul claro, a veces casi frío, siguen alerta, tanto como tus huesos quietos que son ahora resonancias entre los claveles del jardín, qué pequeña pareces… te estás despidiendo..... de todo, de todos.... de la pesadilla que viene al sueño violándolo de una manera poco decorosa (si es que hay violaciones elegantes), de las sombras que empañan los edificios y nos aturden, de los detalles de un abrazo, de tus castillos de alambres y cenizas, y en esa despedida íntima, todavía tienes el coraje de dedicarme tu más tierna sonrisa, a mi, a la niña de tus ojos, a tu princesa. Todo tiene importancia menos la vida..... qué pequeña pareces....


La noche había sido muy larga, y Amira había estado leyendo para ella en voz alta, atendiendo a sus deseos. Lo había hecho como en tantas otras ocasiones, como cuando inventaban historias juntas en la vieja buhardilla las tardes de verano, partiendo de entornos y personas conocidas para acabar deformando la realidad a su antojo y reírse juntas de las más estrafalarias coincidencias con la realidad, y...., a veces, ni siquiera tan estrafalarias, precisamente ahí radicaba la comicidad de la cuestión. Se reían juntas del mundo y de sus gentes y disfrutaban haciéndolo.

La miró expectante, esperando con ansia su veredicto, el más preciado de todos.

Ella volvió la cabeza lentamente, apartándola de la luz que se filtraba por entre el cortinaje color verde oliva, a medio echar, y que no acabada de cubrir del todo la gran cristalera del balcón abalaustrado.

- Es la mejor historia que has inventado jamás, preciosa.
Pero procura que quede entre tú y yo. No estoy demasiado convencida de que algunos miembros de esta familia no se sintieran un tanto molestos con ciertas similitudes poco… digamos… generosas..
- Creo que esta vez sí nos hubiéramos reído hasta reventar, abuela!
- Casi me he sentido molesta hasta yo! pobre tía Aurelia… al menos a mi me has otorgado la crueldad de la inteligencia.
- Son delirios en blanco y negro Victoria, ya me conoces…
- Sí cielo… te conozco muy bien, por cierto entre los personajes de madre e hija, la voz es muy similar, deberías plantearte una pequeña revisión para dotarlas de más carácter, no me interpretes mal corazón, ambas son fantásticas, y por supuesto el hecho podía quedar justificado por, precisamente tratarse de madre e hija, pero sería interesante un ligero cambio de texturas, ¿no te parece?
- Lo pensaré, abuela, te lo prometo.
- Ah! y dime… ¿qué piensas hacer con Tomás?
- ¿El real o el imaginado?


Al cabo de dos días la enterraron, en una ceremonia sencilla, con los familiares directos y los amigos más allegados, como a ella le hubiera gustado.


Y al pie de su tumba, dentro de una funda de plástico transparente para resguardarla de las inclemencias del tiempo, una pequeña libreta de piel girada algo gastada por el uso y el sudor, como último tributo a los delirios monocromáticos que tantas veces actuaron como remedio para la voz de una Reina hacedora de hechizos, una etérea alianza con el viento ausente sólo para pronunciarla.


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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimecres, 2 / desembre / 2009

UN CAMPOSANTO EN LA CALLE, Poema incluido en la revista Piedra del Molino, nº 11. Otoño 2009.



Una lágrima puede pervertirse
en los cuerpos que forran mis ausencias,
esposadas a sus delirantes risas, se mofan al verme
insomne en esta ruta umbilical,
escojo con lupa cada recuerdo y lo embalsamo,
una trágica cosecha de violines,
una carrera sin tiempo ni verdades,
y esa hora ingrata
en que estamos siempre a la deriva.

Siguen cayendo sillones
cuando vuelvo desde el cielo,
y una agorofóbica incógnita se instala
en mis escaños de marfil y juramentos,
donde la única virtud
es la de sentir vergüenza prematura.

Un camposanto en la calle, me insulta
y cierra el mundo detrás mío, palabra por palabra.


Marian Raméntol Serratosa

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Así reza el boletín de presentación de la revista:
"Piedra del molino. Revista de poesía:
La revista de Poesía Piedra del Molino fue fundada en la primavera de 2004 en Arcos de la Frontera. Se trata de una publicación con periodicidad bianual -Mayo y Noviembre-, que pretende ser una aliada más en el conocimiento y la difusión de las letras y las artes nacionales e internacionales. Todos los poemas y traducciones que se recogen en cada número son rigurosamente inéditos. La selección de originales está basada en su calidad lírica y desde sus inicios, Piedra del Molino ha mantenido la transparencia y pluralidad a la hora de decidir sobre los mismos."

Cualquier consulta o envío pueden dirigirlo a:

Revista Piedra del Molino. Apartado de Correos 20258 Madrid 28080; revistapiedradelmolino@yahoo.es; asociacion_piedradelmolino@yahoo.es
La revista dispone de un boletín de subscripción para 2 números al año, en territorio español su coste es de 15 €, Otros países: 20 €

dilluns, 30 / novembre / 2009

EL TATUAJE DE LA NOCHE, EN LA NUCA.


Imagen extraída de la red

El mediodía en el pasillo lleva llorando
una semana por su cadáver,
presiente el tatuaje de la noche, en la nuca,
tiene heridas de aire en el pecho y la cabeza rota,
palabras acostadas, enfermas como fetos
en la mano de un Dios abrazado al mármol,
y un mundo demasiado grande,
regateándole la vida a dentelladas.

Lo que queda de él se enciende bocabajo,
mientras se pregunta si es difícil
vivir en el giro preciso de la luz
cuando el silencio es la piel de las cosas
y duele mansamente
entre los escombros de la voz.

Si doliera en el asombro del muro,
en la sangre de cemento o en el rostro
de la ternura exiliada
podría dibujar hijos de miel en los rincones,
pero saber morir en el goteo que nos llama,
con la boca educada y la mirada en los huesos,
es como querer iluminar un hoyo
en el dintel del cielo cuando sobra el aire.


EL TATUATGE DE LA NIT, AL CLATELL

El migdia al passadís, duu plorant
una setmana pel seu cadàver,
pressenteix el tatuatge de la nit, al clatell,
té ferides d’aire al pit i el cap trencat,
paraules ajagudes, malaltes com fetus
en la mà d’un Déu abraçat al marbre,
i un món massa gran,
regatejant-li la vida a mossecs.

El que queda d'ell s’encén cap per avall,
mentre es pregunta si és difícil
viure en el gir precís de la llum
quan el silenci és la pell de les coses
i fa mal mansament entre els enderrocs de la veu.

Si dolgués en la sorpresa del mur,
en la sang de ciment o en el rostre
de la tendresa exiliada
podria dibuixar fills de mel als racons,
però saber morir en el degoteig que ens crida,
amb la boca educada i la mirada en els ossos,
és com voler il•luminar un clot
al llinda del cel quan sobra l’aire.

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dissabte, 28 / novembre / 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO X

Mis queridos lectores....

A estas alturas imagino que hay varias hipótesis razonables planeando sobre vuestros cerebros, varias posibles soluciones que en las pupilas de aquellos que habéis seguido a Amaria hasta ahora empiezan a planear de forma firme.... y no seré yo quien os adelante el perfil del próximo vuelo, así que....sigamos con nuestra cita semanal con Amira, su mundo....





Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO X.


“Y vaya muerte, madre, vaya muerte.

De un solo plumazo nos mató a los tres, dejando sólo la subsistencia del recién nacido que aún desposeído de su pasado, podría tener una vida digna no muy lejos de su madre, en la mentira, sí, pero viviendo al fin y al cabo.

Así pues un trágico accidente de coche acabó de súbito aquella mañana de invierno, hace ya tantos, con la vida de mi inventada y débil Marta y la mía propia. Sus contactos con el prestigioso Bufete Deulofeu de la Miranda le facilitaron todos los recursos disponibles y se le dio bombo y platillo al desgraciado evento puliendo de un golpe magistral todos los hilos de su ya bastante bien enredada madeja. Nadie discutió a ese lado del mar, en su limitado y pestilente mundo, la veracidad de los artículos de los diarios locales, ¿verdad madre?.

La vía permanecía ahora libre, ahora sólo quedaba que la tía y el niño regresaran con todo el dolor de su corazón, esta vez poderosamente real, a su hogar, despidiéndose para siempre de una cuñada inexistente y de un cuñado que había significado un todo, un mar de placidez y vida, un estado real de conciencia, que se convertía de repente en tragedia y muerte, simulada, pero tremenda y forzadamente real para ambos. Los dos lo sabíamos y lo aceptamos en pos de un futuro para nuestro hijo, un futuro que sería dirigido desde las sombras por usted madre, como siempre, como todo.

Y aquí empezó mi “no vida”, la que no pude perdonarle, la que no le perdonaré jamás. Y aún desde mi muerte tuve que soportar ver como mi hijo era literalmente arrancado de los brazos de su verdadera madre para ser introducido en el seno de la familia de mi hermana. Una hermana estéril, llena de rabia por su infecundidad, llena de cánones como las demás, llena de un desamor perpetuo, llena de usted madre, sí, llena de usted. Sigo sin poder perdonárselo madre, porque fue aquí donde acabó de matarla a ella. Su Glorioso Gran Plan había concluido.

¿Para qué, madre? ¿Para qué desvelar nunca lo que con tanto tiento se ideó y llevó a cabo, con la aceptación de todos los actores de su Gran Obra? ¿Qué se lograría con eso? La verdad sólo traerá desgracia a nuestra familia y desenterrará odios, reproches y rencores, empezando por el mío propio.

Recapacite madre. No debe desvelarlo, sólo sufrirlo, en soledad, en la más pura soledad, la soledad que usted y solamente usted se merece.

Desde mi tumba
Su hijo Francisco.”


Aquí acababan las cartas.

No puede ser, tiene que haber algo más, no puedes dejarme así, Francisco, no puedes desaparecer ahora, todavía me hallo en pie de guerra mirando por tu ventana la inauguración de esta pesadilla.

Me aseguré rebuscando en el arcón por si hubiera algo más, otro fajo de cartas… fotografías… algo. Pero no, allí no había nada más que una oscuridad bien negra posada sobre mis hombros.

La idea empezó a tomar forma lentamente en mi cabeza, en un estado casi febril, se empeñaba en acabar de ratificar nuevas contraseñas para poder entrar dentro de la lógica acusadora de cada pausa, haciendo que cada silencio se comporta como freudianas y sinfónicas matanzas. Sospechas que viajaban a kilómetros luz desde y hacia los órganos vitales. Pedazos de una historia que pretendía cambiar la voz de la madurez por la de la ancianidad, para elaborar un coito de rituales prematuros.
Temblaba, en un intento hondo de no querer seguir descubriendo… porque a estas alturas presentía ya demasiado, en el tramo final de este tic nervioso que es el respirar en la vigilia de mi propia historia, entre la arena derretida de los malos recuerdos que acababan de inyectarme unos astrónomos locos que me provocarían insomnio, yo me resistía a saber… cuánto adoro el sol cuando con los ojos entornados dibujo y desdibujo el techo maldito de mis preocupaciones que ahora me parecen tan vanas, empezaba a percibir el terror visceral de conocer una verdad que no me iba a gustar. Conozco y reconozco cada centímetro de ese terror que cada minuto está más y más furioso. Cuando aparece, subo a los autobuses como quien sube a un sueño conocido, a un dèja vú volcánico y con aspecto de velocidad, me siento y fotografío con los párpados cada escena entrecortada que se instala en el grito, recorro cientos de películas con miles de anónimos personajes en una trama en el que el protagonista no soy yo ni es nadie que tenga rostro, sólo impera el tipo que cierra el telón y deja al espectador con las palomitas pudriéndose entre las manos.

Una verdad de muertes en vida, de inhumanidad controlada y conducida. Una verdad cruel que sabía con certeza, iba a matarme a mi también. No deja de ser irónico que teniendo tanta vida por delante haya muerto en estos días unas seis veces por lo menos. Todo lo que con tanta admiración había amado y respetado empezaba a vestirse de negro, seduciendo sin permiso…. arraigándose en la realidad de mis instintos, y aunque todavía amorfa, empezaba a configurase en una cara, en un nombre….. No, no puede ser. Me niego rotundamente a creerlo.

La llamé a gritos, mi voz salió en estampida escaleras abajo sin importarme un rábano que se rompiera el universo de los Miraflores, había atravesado mi garganta como la de un espantapájaros, en pleno desorden mental, desde breves parálisis hasta la angustia más potente, pecando varias veces, atentando contra las mismísimas paredes de aquella casa que ahora era mía – a veces una casa es sólo un estornudo-, sintiendo que el viento había sido siempre más veloz desde mis balcones.

Si se confirmaban las sospechas, ella era las más adecuada para echar luz sobre el sarpullido de preguntas sin respuesta que estaban taponando mis arterias, a conciencia y con algodones de memoria coagulada.




- ¿Qué pasa Amira? Dios santo ya voy pero, por el amor de Dios, deja ya de alzar la voz de esa manera hija, ¡subo enseguida!.

La vi encarar la gran escalinata de mármol blanco agarrándose con fuerza a la balaustrada, estaba pálida. Qué día más helado, qué cielo tan inmensamente plomo, qué visiones por esta ventana pequeñita directa a la angustia en mayúsculas. Visiones y realidades, terremotos, cómo cruje esta casa, cómo se mueven las paredes, tiembla la tierra, tiemblan las manos, mi mundo está temblando mientras ella apura el paso.

- Pasa mamá, ahora ya no hay remedio, no podemos volver atrás. Qué significa todo esto, explícamelo, así lo quiso la abuela, no sé muy bien qué consecuencias tendrá lo que tengas que decirme, pero lo que sí sé, es que tú sabes la verdad que se esconde tras estas cartas, y necesito saberla, mamá, necesito saberla.

De nuevo la observé casi con avaricia, para no perderme ni un sólo detalle en ese espacio acuoso mal interpretado por mis cansadas retinas. Se acercó despacio a la cama, yo diría que con tanto miedo que sus perros negros debían estar ladrándole al unísono para que les diera una vez más un trozo de corazón con el que entretenerse, y allí de pie, fue recorriendo con la mirada el puzzle de folios amarillos. Vi cómo detenía la mirada en la firma de todos ellos y los latidos debieron casi paralizársele porque tuvo que sentarse al borde de la cama

- La sangre no quiere subir hasta mi cerebro, hija. Siento vértigo y acidez… Dios mío, ¿qué has hecho Victoria? ¿por qué lo has hecho? ¡maldita Victoria!

- Pero… ¿qué dices? ¿Cómo te atreves a insultarla? ¿qué está pasando aquí? ¡Mamá! ¿qué pasa?

- ¿No tuviste bastante con el fallecimiento de tu hijo y el mío propio que ahora quieres que se extinga ella también?. ¿Es que no vas a dejarnos en paz ni incluso después de tu muerte?



Abro la boca sólo para cerrar los ojos a estos kilométricos y kilómetros de úlceras que separan la mitad de una manzana de la mitad de una navaja. Me duelen los oídos con el reproche de su voz al tiempo que se emborrachan los sentidos por no haberme equivocado.

- Está bien Amira, intentaré empezar por el principio, si así lo ha querido Victoria, una vez más me doblegaré sumisamente a su voluntad… Francisco…. Hija… Francisco es el hijo mayor de Victoria y…. bueno….
- ¿Y? vomítalo ya.
- De Victoria Artús Guinovart y de Don Arturo Deulofeu de la Miranda, esa es la primera verdad callada que debes saber.- espera no me interrumpas- Tu abuela y Don Arturo tuvieron un romance sincero y sentido durante algo más de dos años, creo que fue el único hombre que supo tocar el corazón de tu abuela. Pero la recia familia de los Artús tenían otros planes para Victoria, y en ellos se incluía la unión matrimonial de tu abuela con el respetado Don Ernesto, primogénito y heredero de la igualmente recia familia de los Miraflores. En la época de juventud de tu abuela, era más que impensable que se pudiera discutir sobre este tipo de decisiones tomadas desde prácticamente el nacimiento de los hijos. Así que tu abuela se casó con Don Ernesto en una magnífica boda por todo lo alto de la que se habló durante años. Pero Victoria llegó al matrimonio embarazada de tan sólo un mes, y sinceramente, dudo mucho que tu abuelo se enterase jamás, él la quería de veras. Francisco creció y se crió en el seno de la familia con todos los honores, y el secreto de la identidad de sus verdaderos progenitores quedó en principio vedado a todo el mundo. Ahora comprenderás por qué nuestro querido Notario ha estado ligado siempre a esta casa, por qué deambulaba por ella con tanta familiaridad y por qué nunca acabó de separarse de su amada Victoria. De hecho, él siempre se ocupó de Francisco de un modo u otro.
- Ahora empiezo a entender por qué en las cartas aparecía la dirección donde habitaban familiares de los Deulofeu, era una manera sencilla de recibir noticias de su hijo sin levantar sospechas.
- Supongo que sí, Amira, supongo que sí. La capacidad de Victoria para manejar los hilos de la madeja era absolutamente increíble, y por lo que veo sigue siéndolo tras su muerte.
Y, llegué yo a esta casa, como prometida de tu padre, el hijo menor de los Miraflores. Amira, debes comprender…. A mí, igual que a Victoria, nadie me preguntó, nadie me dio opción, desde que tengo uso de razón, ya sabía que tarde o temprano me uniría en matrimonio con tu padre, así me lo habían dicho y yo así lo había aceptado. Y de hecho me casé con él, segura de estar haciendo lo que tenía que hacer, haciendo lo correcto. Pero Francisco se cruzó en mi vida. Oh, Amira….. no puedes ni imaginar lo que se desató entre nosotros dos…. No puedes hacerte ni siquiera una ligera idea….
- Sí puedo mamá, sí puedo. Francisco se ha encargado de trasmitir una idea clara de los que sentíais el uno por el otro. Llevo adentrándome en vuestras vidas cuatro intensos días con sus largas noches, os llevo conociendo un buen trecho ya.

Cuatro largos días entrando en el silencio y saliendo del silencio para ver si los lobos son más y los corderos menos, volviéndome loca, buscando sangre y obleas de piel aguardando el beso que transforma el café en dinamita, !!por amor a Dios!!

- Entonces sabrás que tu abuela se enteró de lo nuestro, y en un intento furioso por querer salvar el buen nombre de la familia, envió a Francisco lejos de mí, supongo que no supo hacerlo mejor. De hecho, si lo piensas, a ella también le había tocado proceder de igual modo con Don Arturo, alejándolo de su vida y manteniéndolo en segundo plano. La historia volvía a repetirse nuevamente.
- Pero para entonces tú ya estabas embarazada ¿verdad? Y la abuela lo sabía.
- Si hija mía, yo misma se lo dije, estaba desesperada y no sabía qué hacer. A partir de ese momento se desencadenaron toda una serie de acontecimientos y estratagemas urdidas todas ellas por Victoria, para salvaguardarnos a todos de la vergüenza más absoluta. Partí hacía Venezuela para cuidar de una supuesta Marta que nunca ha existido y pude vivir con Francisco una temporada, que fue maravillosa aunque terriblemente corta, y.... tuvimos un hijo en el anonimato, a salvo, mediante los acontecimientos inventados, mediante las mentiras bien urdidas y que todos creyeron o quisieron creer, no hubieron preguntas.... y tampoco respuestas, aunque creo que en el fondo todo el mundo sabía su verdad, cada uno la sentía y la vivía como bien podía.
- ¿Y qué se ha hecho del niño? ¿Qué se hizo de él mamá?

De pronto comprendí, me agarré con fuerza el corazón en un intento de apaciguar el agudísimo pinchazo muscular que acaba de sentir. Un hijo arrancado de los brazos de su madre…. y entregado a la hermana estéril de Francisco… una hermana llena de desamor como su madre....Se acababan de rearmar todas y cada una de las evasiones que había ido tejiendo para no ver lo que no quería ver, para no tener respuesta para todo. De repente, mi vida se estaba moviendo al compás de las mismas vibraciones que salen del infierno cuando una amanece muerta por la mañana, cuando el sol amenaza con asomarse y se escucha un profundo trueno en el vientre del todavía plomizo cielo, un clic que no es un clic, es una detonación en toda regla.

Recordé claramente la última carta… tía…

La negación salió abrupta y a gritos de mi garganta, mientras me doblaba sobre la cintura en un gesto de dolor intenso y brutal, acababa de entender la trama final de todas aquellas malditas cartas, toda la perversa verdad y toda su grave mentira.

Creo que en aquellos momentos mi madre también comprendió, María adivinó, al igual que había adivinado Victoria, María supo, con la misma certeza que lo supo en su día Victoria, y se aunó a mi amargo grito....

La historia de ignominia volvía a repetirse por tercera vez, como si fuera un estigma en las mujeres de aquella familia. Amores imposibles, afectos condenados desde un inicio, sin salida, sin cabida.... desamores enlazados con la tragedia a lo largo de tres generaciones....



(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimecres, 25 / novembre / 2009

Y YO SIGO CON EL SUEÑO DE RODILLAS


Imagen extraída de la red.


Cuando te escribo, perforo el universo
para que la lágrima caiga sobre un campo verbal,
y muerda tu carne de espacios, soliloquios y notaciones,
mientras descanso en ese diagrama del lenguaje
donde la palabra se ríe de la ciencia,
fractura el sentido de la lírica
bajo el ángulo recto de una calle,
se revuelca sobre la psiquis de un mundo al revés,
y se convierte en el refugio final
de una verdad compartible.

Cada vez que te bautizo,
hay lagartijas en las estrellas
que quieren romper el horizonte,
yo vendo tus múltiples articulaciones
con limpios apósitos de urbanidad,
urbanidad del margen y de la lógica,
pero tu lengua herida por lo diario,
acompañada de crepúsculos y musgo
en las manos rotas de las piedras,
no se conforma con mis cuidados,
y con los pies partidos por la lluvia
se desprende de la boca, y pasea
en una bicicleta hermafrodita
por esta ciudad abandonada donde corazones
embotellados se dejan preñar en la mesa del infierno
como coágulos de sangre.

Así te apoderas de la sinrazón, siempre,
y acabas haciendo noche en los hospitales del espíritu,
sin duelo, con la cara de ataúd, y acunando a los ancianos
para asesinarlos dulcemente sobre altares de ocasión.

Estás loco, y yo sigo con el sueño de rodillas y todas las
mariposas viejas ratificando de nuevo mi intención
de dotarte de un gramo de inteligencia
para que seas repetible, orable, decible.

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dilluns, 23 / novembre / 2009

TODO TU NOMBRE EN UN PREÁMBULO


Imagen extraída de la red, perteneciente al proyecto "Vacio" de Víctor M. Fernández. (Móstoles, Madrid, 1978).Podéis consultar más fotografías y biografía del autor en: emptyvaciovide.wordpress.com


Tu nombre en otra edad, en otro estercolero,
con la muerte que infecta
la impavidez de los párpados subida a tu cuerpo,
y en la boca
ese caramelo apelmazado que rezuma
el líquido de la noche,
la promiscuidad de los gestos fermentados del aire,
que vuelve a casa sobre los ojos,
y ese destierro soñado en habitaciones nuevas,
en nuevos holocaustos invisibles.

Todo tu nombre en un preámbulo.
Así se desarrolla el olvido, ahonda en la síntesis
de tu rostro y se despliega como la lluvia, amargo.

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dijous, 19 / novembre / 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO IX

Mis queridos lectores....

Sigamos con nuestra cita semanal con Amira, su mundo....






Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO IX.

Algo debe de quedar en mí de mi antigua sabiduría, la de los elementos y la de la tierra, la de las corrientes energéticas que se expanden erizando la piel, la de mis columpios desde donde se cazaban nubes y magníficos dragones que me regalaban nueces. Presentía un cambio en la tonalidad del día.


- Por lo que yo sé, Don Arturo y tu abuela se conocían desde jovencitos, prácticamente crecieron juntos y ha estado presente en nuestras vidas desde siempre. No sólo era el albacea y consejero financiero del abuelo Ernesto y de Victoria, si no que se profesaban una sincera amistad desde niños, por lo menos con Victoria. Ella siempre le trataba con mucha consideración y él... bueno, más que consideración yo casi me atrevería a decir que con cierta admiración, pero eso no es de extrañar tratándose de tu abuela ¿no te parece?

No contesté. Había notado claramente el nerviosismo de mi madre en la voz, la incomodidad en sus movimientos cortos y bruscos, tan poco habituales en ella, su torpeza en el trasiego de los platos y vasos que todavía estaban en el fregadero, fui perfectamente consciente de su turbación.

En ese justo instante, como si estuviera viendo un retrato de familia anclado en el tiempo, una pintura que hubiese interiorizado en alguna clase de historia del arte, recordé .....

“Sus grandes y negros ojos almendrados..., sus labios carnosos y bien definidos…”

La angustia, cuando asola esta ciudad gótica que a veces soy, en el momento justo y único en que Rimbaud se bebe a mi lado sus pañuelos infectados y maldecidos por su propio cólera, me deja tiritando. La sentía crecer desde el bajo vientre, atravesando matorrales sin sentido, sin veredas, presionándome, obstruyendo el paso del aire, para sumergirme en la no existencia. Por un instante no soy más que algo hiper-ventilado que abre y cierra espasmódicamente las ventanas cuando parece que el viento quiere derribar el vidrio protector de una mirada. Me estaba ahogando.

Me disculpé por no sentirme demasiado bien y me encerré de nuevo en mi habitación. En esa soledad que se siente cuando te vencen los acontecimientos, cuando no dependen de uno, cuando sencillamente se es un mero espectador de algo ya decidido, de algo ya tramado y resuelto unilateralmente. Cuando ya no hay opción, cuando uno ya no es parte integrante del tablero, de la gran partida. No, de repente la partida ha finalizado y alguien te lo cuenta, y la impotencia y la soledad te dejan desamparado y solo, ante ti y contigo, o con lo que quede de ti,..con tu sombra. ¿Cada cuántos silencios seré capaz de cerrar los ojos para esperar que se vaya la palidez del malestar?





“¿Donde nos habíamos quedado madre?

Ah si, ya recuerdo, mi boda. Rápida y discreta, como tenía que ser. Pero no podía quedarse así, tenía que seguir enredando la madeja, en modo tal, que todo acabara estando perfectamente cifrado, dulcemente escondido, dentro de un marco de buenas costumbres según mandaban los cánones…. Así es que aun quedaba mucho por hacer, ¿no es cierto madre?

Y lo hizo…. Vaya si lo hizo.

Con una determinación absoluta muy propia de usted, mi “querida” madre, se resolvió que ella viniera a pasar una larga temporada con nosotros, con el honrado fin de cuidar de su cuñada, que al quedar embarazada había sufrido un decaimiento generalizado que la había dejado muy débil y casi postrada en la cama, así que mi pobre Marta, se convirtió de repente en una moza enfermiza y tremendamente necesitada. Al estar yo tan ocupado con los asuntos del bufete, (bien se encargó usted de repetirlo a cuantos quisieron escucharla) pues claro está, no podía prestarle la atención necesaria a mi mujercita, que además, al ser primeriza estaba asustada y se quejaba continuamente de su tremenda soledad. ¡Por Dios madre! Cuando repaso los acontecimientos de mi asquerosa vida me doy cuenta de lo mucho que le deseo el infierno y ni siquiera sé si la más larga enfermedad degenerativa podría ser penitencia suficiente para alguien de tan malévola calaña.

Que amable que fue la familia, cuanta consideración y buen corazón demostraron para con nosotros. Cuanta preocupación debíamos causarles que hasta mi hermano accedió de buen grado a separarse de su muy amada esposa para que pudiera venir a cuidar de mi Marta, con la promesa, de que una vez nacido mi hijo, volverían las dos juntas con el recién nacido para que todos pudieran conocerles. Qué amables fueron todos…. ¿Verdad madre? ¡Cuan unida ha estado siempre esta familia!

¿Qué pretendía usted madre? no tengo claro si fue una perfecta estratagema para esconder lo que debía esconderse, o bien fue una regalo para exculpar su inclemente proceder. Fuera como fuera, al menos pude disfrutar de algo más de once meses en su compañía, tocando el cielo con las manos en la más plena y reconfortante gloria. Si Dios ha existido alguna vez, fue entonces.

Cuando llegó apenas se notaba su reciente gravidez, solo quizá en su mirada, que hablaba sin palabras de un amor nuevo y diferente gestándose en su interior, Oh madre, que bella estaba, y cuántas y cuántas veces me sumergí en la profundidad de sus ojos, para entender… para comprender lo que se siente al estar doblemente vivo.

Fue el mejor y único motivo por el que acepté mi muerte, madre, ¿lo entiende? ¿Puede usted entenderlo? Y si he permanecido en silencio todos estos años madre, ha sido única y exclusivamente por mi hijo, así que no dude ni por un sólo momento, que si veo peligrar su estabilidad, no tardaré ni un minuto en hacer volar por los aires toda su estratagema madre, y no me importará a quién me tenga que llevar por delante, ¡Dios quiera que sea a usted!

Ahora debo dejarla madre, una vez más.

Desde mi tumba,y con toda mi rabia
Su hijo Francisco."

Mentiras, alucinaciones de dulce de almíbar, la atmósfera que se desprendía en aquellas cartas …. mentiras en el tablero de ajedrez frente a la reina blanca odiando a la reina negra que se acuesta sin decoro con el alfil blanco. Ya era la segunda lectura que hacía de la misma misiva, la rectitud en los comportamientos, el buen hacer, la supuesta unión familiar… era como si mis bisabuelos vinieran a buscarme con la pólvora incendiándose en sus chaquetas carcomidas por esa fauna cadavérica de una tierra agria. No hay más remedio que alzar las manos y dejarse apresar por lo predecible… casi podría jurar lo que nunca ocurriría, lo que nunca se diría …. nadie sabe dónde mueren las palabras que sólo son eso.


- No esperaba tu llamada ahora, me has asustado. Estaba leyéndolas, ni te imaginas… Tengo una idea, espera, voy a leerte una ¿vale? ¿preparado?

“Bien, madre,
(que impropia suena esa palabra refiriéndose a alguien que no debe saber ni qué significa ¿no le parece? Usted debería haber parido por encargo, sí, eso, al menos, hubiera explicado de algún modo su falta de sensibilidad, su frialdad letal que nos ha ido envenenando a todos).

Pero sigamos recordando madre, sigamos con mi historia, que es nuestra historia, o mejor dicho su historia, forjada paso a paso por usted, imaginada previamente en todos sus detalles y tramada hábilmente sin dejar cabos sueltos, muy a su estilo, muy a la altura de su maquiavélica concepción de la vida. Que asco me da, madre… ¡que asco!

Fueron once meses magníficos, con la dulzura de su presencia y mi entrega absoluta a la única esposa que he tenido y tendré jamás, la única no manipulada ni inventada, la única forzosamente real, aunque ello le pese madre, aunque le reconcoma hasta el último recoveco de sus entrañas, debo gritárselo porque fue la única vida que me dejó vivir, los últimos once meses antes de mi fatídica y calculada muerte.

Y llegó el momento, el infinito momento de la ternura más ávida que he podido sentir en toda mi existencia, y de la tortura más penitente que me ha tocado soportar desde mi ausencia, eterna, perenne.

Nació mi hijo, arrugado como el que más, con una tonalidad difícil de concretar entre el rosado y el anaranjado, y con su pelo negro enmarcando aquella carita desamparada y angustiada que no podía soportar la luz intensamente aséptica de aquel maldito quirófano. No puedo expresar lo que sentí entonces madre, y supongo que los latidos metálicos de su corazón, no le permitirán hacerse ni la más mínima idea de lo que se estaba forjando en nuestro interior, un vínculo directo perpetuado en la maravilla de un nacimiento, indefenso y frágil, pero nuestro, muy nuestro. Quise retener aquel instante para siempre en mis retinas para grabarlo en mi alma a golpe de sufrimiento, del sufrimiento que yo sabía iba a llegar en breve.

Tras el nacimiento de nuestro hijo, y gracias a su “inmensa benevolencia” - ¿se suponía que deberíamos haberle estado agradecidos para el resto de nuestros días?-, pudimos disfrutar de nuestras vidas hasta que finalizó el período de lactancia, ¿lo recuerda madre? Y ahí vino el acto final de su Gran Obra, el golpe definitivo que nos dejó a todos fuera de combate.

Usted se encargó personalmente de hacernos llegar a través del bufete la extraordinaria misiva donde definía con calculada clarividencia y minuciosa exactitud los pasos a seguir a partir de la recepción de su extensa y detallada carta. Ni una sola palabra de consuelo, ni un sólo gesto de aliento. Únicamente directrices que no dejaban resquicio alguno para las malas interpretaciones o las dudas.

Y así se hizo, mi esposa y yo, deberíamos preparar nuestra partida a la mayor brevedad, con la intención de que la pobre y débil Marta acabara de recuperarse en compañía de toda la familia, en la casa familiar donde se le prodigarían amorosamente todos los cuidados necesarios y oportunos.
Y para aligerar el viaje y minimizar en lo posible el inevitable agotamiento de Marta, el niño y su tía se reunirían con nosotros una semana después.

Y aquí vino el gran golpe de gracia de su ingenioso plan, oh madre, nunca podrá imaginarse mi estupefacción ante el seguido de líneas, con su trazo en azul intenso, de su puño y letra, que iban conformando mi futuro, nuestro futuro, el futuro de todos nosotros, o mejor dicho, el no futuro, la nada más absoluta que debía empezar en dos o tres días.

Usted misma nos dio muerte madre, ¿cómo pudo hacer tal cosa? Sólo alguien como usted podía haber ideado algo tan sublimemente negro. Únicamente alguien tan salvajemente despiadado podría haber planeado con tan calculada precisión semejante matanza. ¿Cómo puede seguir viviendo? ¿Cómo puede mirarse al espejo por las mañanas sin sentir vergüenza? La única solución digna hubiera sido el suicidio, pero claro está, eso no hubiera estado bien visto… Es usted la que debería estar muerta madre, usted es la única que merecía morir.

Desde mi tumba, y con toda mi rabia
Su hijo Francisco."


- Esta historia de príncipes, brujas y princesas no va a acabar bien ¿Sigues ahí Tomás? Ya te lo he dicho… sí, muy fuerte. ¿Cómo? ¿Y cómo quieres que lo sepa? Es fría y distante, una especie de monstruo… Si, todas van dirigidas a ella y más o menos en el mismo tono. No, a mi tampoco me extraña, yo tampoco lo hubiera soportado. ¿No te parece inimaginable alguien capaz de dirigir esas vidas convirtiéndolas en una patraña de desencuentros de manera tan concienzuda?. Todo ese amor enmarcado siempre en la muerte y la ausencia… ¿sabes Tomás? me siento muy próxima a ese sentimiento, instintivamente… desde dentro.. No, no, no te preocupes, estaré bien. Hablamos.


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimarts, 17 / novembre / 2009

PALABRA, TAN SÓLO UN ACRÓSTICO CONTRA LOS GÉRMENES DEL ALMA


Imagen extraída de la red.


Veloz y oscura en las deflagraciones, ácida
como el mejor antiséptico
contra los gérmenes del alma,
así tus pezones se revuelcan en el blanco
y tu cuerpo abierto amanece en la sangre,
desconchado en un réquiem de arenas
y acantilados, en una reunión de océanos
sin azules de los que alimentarse.

Hecha de volcanes, sin más seña de identidad
que el trazo torpe de los años, me persigues
a lomos de mi madre, con el vientre expuesto
a la delgadez de mi lengua y a su poder abrasivo
que todo lo licua.

La tinta ya no es un medio
para disimular los muñones,
tampoco sirve la esperanza para taparle la boca
a los agujeros. Al pie del libro, sólo queda
el desnudo del pecho, acentos mendicantes
en busca de un rincón de tu página
donde orinar tranquilos y echarse a dormir
sobre el estiércol.

Perdiste hace tiempo tu estatura.

Alargaste demasiado el cuello, princesa.

Las mayúsculas eyaculan tu miseria acentuada.

Antes de ti, hubo azúcar en el veneno para ratas.

Basta la necesidad de la muerte para que la tierra te huela.

Rocío exiliado, pobre simulacro de tu antiguo olor.

Ahora estás tan desnuda que te sobra espacio en lo que queda.

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dimecres, 11 / novembre / 2009

UNA DEUDA CONMIGO ES UNA DEUDA CON LA HUMEDAD


Imagen extraída de la red.

A esa blancura que ya no puede rozarme.


Escamas repetidas
en dos corazones de carne.

La edad en ropa interior deserta de mis pasos,
amordaza las sienes y yo permanezco inmóvil
en esta ciudad cerrada, en esta habitación materna
que adelgaza el silencio, silba los cuerpos
con el ruido de los brazos
dando besos inútiles al aire.

Mi voz pesa en exceso
en esta serenidad suicida,
con este animal sangrante
que ejecuta mi nombre derivado,
con el recuerdo roído por el agua y el vértigo
de la ausencia pegada a mis párpados de nogal,
entre aullidos que tiemblan sobre su belleza de hija,
de madre, de semilla incrédula.

Una blancura que no puede rozarme,
deseada más allá de mis ojos, mucho más lejos
de ese caldo de cultivo que es mi cuerpo,
de esa vergüenza vieja que es la palabra tullida,
demasiado alta, densa y aceitosa,
como el sudor que quiere reconocerla
y se queda sobre las manos, penetrando el tiempo.

La muerte tiene lengua de lince,
y mis oídos siguen atentos,
porque una deuda conmigo
es una deuda con la humedad salada y ácida
que levantó una pared en los pulmones del mar,
una compromiso grave, amplificado en cada espuma,
en cada limitación de su inconmensurable sonrisa.
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dilluns, 9 / novembre / 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VIII

Mis queridos lectores....

Sigamos con nuestra cita semanal con Amira, su mundo....






Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VIII.

Siempre he pensado que cuando la luz pierde el sentido de la oportunidad, vomita rayos de esquizofrenia sobre la delicada subasta de pensamientos que efectuamos cada vez que pretendemos abrir los ojos. Y por más que buenamente intente acaramelarnos el caprichoso instante, (tengo un amigo que siempre me decía que los instantes y los milagros son estrellas fugaces bailando danzas rotas por el firmamento) sigue siendo tan absurda en el entre-sueño como una tonelada de mandrágoras y serafines recién salidos de la ópera de una condena.

Poco a poco empecé a despedirme de mi ingravidez entre disparos hechos con cáscara de alas y de musarañas, a notar el volumen de mis piernas, el hinchazón de mis párpados, y me fui desperezando aunque no me apetecía nada de nada amanecer en el mundo.

El gran espejo apoyado sobre la cómoda me dio los buenos días.

“Espejito, espejito,… La más bella no sé… pero la de ojeras más espantosas seguro que sí, Dios!
Pero mira que está raro Tomás, es como si se empeñara en sumergirse en un glamour barato, apareciendo por una puerta angosta que da siempre a un vacío tan poco prometedor que avergüenza al propio romanticismo, creo hasta la mejor puesta de sol le llamaría a la prudencia. Habla con una mezcla de resortes y canciones de los 70. Me da pena, y yo me doy rabia. Cada vez que intento hablar con él, me siento Bela Lugosi a punto de atacar su cuello incendiado, y acto seguido mis mejillas rivalizan con las brasas del infierno, o se ha vuelto lelo o la que está empezando a perder todos los puntos cardinales del sentido común, soy yo.

“su milagro”… vaya tontada.

Sórdida hecatombe la de ver lo que no se ve, los sueños que sólo el subconsciente sabe atesorar como corresponde y así pasan los años, como canicas de colores en vez de días en el calendario, y lo peor de todo es que me encanta que sea tan bobo…

Será mejor que me espabile o la mañana se irá sin mí.

Mientras trataba de enfundarme los pantalones, una especie de letanía acudió de nuevo a mi mente…

...... Por aquel entonces ella era joven y bella, muy bella. Sus grandes y negros ojos almendrados...... sus largas y frondosas pestañas…., sus labios carnosos y bien definidos…. su talle esbelto….. Su cabello ondulado del color del maíz tapándole los hombros….

Abrí el cajón.



“Madre,

En mi última carta decidí convertirme en el eco de su conciencia más negra, y encargarme personalmente de preservar, en su quizá maltrecha memoria, lo que no debería olvidarse jamás, con la íntima intención de convencerla para que lleve hasta el final su grandioso Gran Plan. Usted lo ideó y ahora es ya demasiado tarde para redimirse.
Y en todo caso, de tener que saberse la verdad, no debería ser usted quién la revelara cual la heroína que siempre se ha creído ser, si no alguna de las víctimas de sus embustes maléficos, quizá de este modo tendríamos alguna posibilidad de saborear la venganza, sin tregua para las pausas o los perdones tardíos, sin ningún intento de entender motivos o situaciones. No, la verdad tal cual fue, tal y como se planificó, para que se sepa de una vez por todas quién y como es el personaje que la ideó. Para que sepamos todos quién es usted, madre.
Y tenga por seguro que de algún modo u otro, todavía puede llegar esa recompensa… de no cumplir su plan hasta el final, madre, si tal como sospecho está pensando en una salida digna para usted, dígame madre, ¿quién nos impide revelarnos? siempre podemos empezar a alzar nuestras voces… y no sólo yo…, piénselo madre, piénselo, siempre puedo volver para recuperar mi vida, esa vida que usted me quitó y por lo que la maldeciré hasta la eternidad…

Cuando se decidió mi destierro inmediato hacía estas tierras extrañas, que con el pasar del tiempo han acabado convirtiéndose en mi hogar, ya era demasiado tarde, y aunque bien es cierto que se evitó el escándalo, no pudo usted evitar males mayores ¿Verdad madre? Usted no pudo evitar su propio escarnio, el más duro, el que practica uno consigo mismo.
Y una vez más fue implacable, como lo había sido antes, e hizo lo que se tenía que hacer. Igual que muchos años atrás cuando me engendró a mí, y tuvo que desterrar de su vida al único hombre que había sabido conmover su corazón de acero, despojándolo de su soberbia e inundándolo de humanidad. Sí… usted sabía demasiado bien lo que se tenía que hacer, ¿No es cierto? Cómo pudo madre… cómo pudo… si supiera cuantas veces me he avergonzado de llevar su misma sangre… de haber sentido por usted algo parecido a la ternura y al amor… ¡Dios santo! Alguien como usted sólo merece la soledad y el frío en el alma, alguien como usted sólo merece el helor de la muerte, le aseguro madre, que cuando llegue ese día, no derramaré ni una sola lágrima de pesar por usted, porque ese día quizá signifique mi resurrección…y anhelo, sí madre ,entiéndalo de una vez, ¡anhelo!, su llegada.

“Una oportunidad profesional inmejorable para el chico” –aun la recuerdo pronunciando esas palabras en voz alta delante de todos-, ¿Qué más se podía desear? Para una familia recia como la nuestra, el tener al hijo mayor representando a un notario de la valía y pericia reconocida como Don Arturo Deulofeu de la Miranda… y además en ¡tierra foránea! ¡El chico debía partir enseguida por su bien y por el buen nombre de la familia! Sí madre, su plan seguía gestándose en perfecta armonía, tal y como usted lo iba tejiendo ¿No es cierto?
Y efectivamente, en menos de un mes estuvo preparada mi salida de aquella casa, mi casa…. mi casa. Ni una sola lágrima le vi verter por mí cuando me fui.

Pero, aunque por aquel entonces yo sólo podía empezar a intuir el alcance de su maldad, ya presentía que me tenía muchas más sorpresas preparadas, ¿Verdad “querida” madre? No podía conformarse con hacerme desaparecer…no, eso hubiera sido demasiado simple para una mente ejemplar y brillante como la suya. Y además tenia que manejar hábilmente otros destinos, confundiéndolos para confundirnos, enredándolos para enredarnos bien a todos en pos de un saber y buen hacer. Tenía que inventar todavía muchas otras realidades para poder imponérnoslas a todos, así ha sido siempre. La pesadilla más horrenda de mi vida, “querida madre” ha sido usted y saberme hijo suyo. ¿Le duele, madre? ¿Es usted capaz de sentir el más mínimo vestigio de remordimiento? Cuanto me alegraría verla sufrir, desgarrarse en sus propios lamentos… cuanto disfrutaría viéndola obligada a suplicar una absolución que, le bien aseguro, no le sería concedida. Sí, alguien tiene que atreverse a vomitarle a la cara todo lo ruin que ha sido hasta para con usted misma. Maldita sea su estampa, ¡maldita sea madre!

Pero sigamos, siga usted leyendo su propia obra y no pierda punto. Al cabo de mes y medio se decidió mi boda. ¿Lo recuerda usted bien, verdad madre? Una buena moza de buena familia y buenos modales, tal y como usted la ideó, tal y como usted la inventó para mí, con desliz y embarazo incluido, por lo que, siendo yo quien era, tuvo que precipitarse el casorio hasta el punto suficiente como para que fuera absolutamente imposible planificar un viaje de semejante envergadura para toda la familia. Así que en un acto de nobleza y con sincero sentimiento me vi casado casi sin ceremonia ni asistentes, y esperando descendencia.

Qué brillante mente la suya, madre, qué brillante.

Debo despedirme por hoy, porque aunque un muerto debería disponer de toda una eternidad, prefiero no agotar sus fuerzas. La venganza es más dulce cuando se saborea lentamente.

Desde mi tumba y con toda mi rabia
Su hijo Francisco”.


Don Arturo, la abuela y mil siglos entre medio que no me dejan ver. Muertos escribiendo a los vivos, fantasmas sobre las piedras y la incógnita de saber qué narices tiene que ver todo esto conmigo. Sufro de un insomnio ajeno siguiendo esta especie de ruta umbilical que acabará volviéndome loca.

Bajé a la cocina con la secreta esperanza de que mi padre se hubiera instalado ya en la sala de estar, con su periódico matutino que con un poco de suerte iba a ocuparle gran parte de su actividad durante aquella mañana, como todas las mañanas de ese verano exagerado, como todas las mañanas de invierno, como todas y cada una de sus mañanas.

La miré de perfil, en una de sus idas y venidas, y pude apreciar su belleza serena, el pelo ondulado recogido en una coleta baja a la altura de la nuca, del color del maíz, y tocado con alguna que otra cana que ya convenía disimular. Ojos negros perfilados por una magnífica hilera de pestañas rubias que proporcionaban más intensidad todavía a su mirada. Labios carnosos y aún sin ajar, a pesar de la edad... y todo ello enmarcado en una faz oval de tez morena. De joven tenía que haber sido por fuerza todo un espectáculo. Aun conserva sus formas, de talle esbelto y largas piernas, y lleva el conjunto con una elegancia exquisita. Si, todo un espectáculo....

Me acerqué por detrás y le abracé el tiempo justo para estamparle un sonoro beso en la mejilla, uno de aquellos besos que provocaban siempre una “reprimenda” satisfecha y repleta de orgullo maternal.

- Mamá, ¿tú conoces bien a Don Arturo, verdad? Explícame de donde le viene la amistad con nuestra familia ¿quieres?, siempre lo he visto moverse con tanta naturalidad por esta casa en vida de la abuela que nunca me había preguntado de dónde había salido nuestro querido Notario...

Recuerdo perfectamente que el aire se paralizó, todo quedó suspendido en una especie de simulacro de in-animación, hasta las cuerdas vocales quedaron hinchadamente quietas, aumentando el volumen de su mudez, y volví a quedarme noqueada ante esa sensación extraña de saber instintivamente que algo denso está traspasando las moléculas del aire y yo no soy capaz de identificarlo.


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dissabte, 7 / novembre / 2009

LAS PALABRAS NOS ESPERAN DESDE SU DESNUDO.


Imagen extraída de la red.


Como el dolor de un cuento, su eco
esparcido por veranos que ya no habita nadie,
donde la palabra vive entre columna y vértice,
y los sueños roncan colocados,
idos de humo, látigos, palmeras y ciudades.

Suelta amarras despacio, con la maleta boquiabierta,
sin dientes con los que bautizar la vergüenza de la noche
cuando abre su camisa, y nos muestra
el vuelo de los árboles que fueron arena,
libertad o cementerio,
y ahora nos llenan el buche con su historia,
que acaba de llegar al abandono, y nos espera.

Como el dolor del milagro, las palabras gritan
desde el fondo del invierno, y también nos esperan
desde su desnudo, a veces prematuro, a veces innecesario.

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Poema incluido en la antología Arde en tus manos, editada por la Asociación Cultural Myrtos Gramma Al manar como selección de los poemas galardonados en la convocatoria Myrtos de poesía 2009.

dijous, 5 / novembre / 2009

NUEVA ANTOLOGÍA. POESÍA DE MIEDO.

Ya está disponible la antología que recoge los textos galardonados en el IV certamen de Poesía de Miedo 2009, una nueva edición de Papeles del Trasmoz de la editorial Olifante, Ediciones de Poesía, cuya presentación se realizó el pasado 31 de octubre.

Los poetas galardonados en esta convocatoria han sido:

Primer Premio:
Manuel M. Forega.
Premio del Público:
José Javier Alfaro Calvo,
Miguel Ángel Marín Uriol,
Dolan Mor
Marian Raméntol.





Os dejo aquí mi poema:

ELLOS VEN LA PUPILA DESANGRARSE DONDE ACABA LA VOZ

Deletreo el reproche del sol en cada tapia
como si quisiera que sus vísceras leyesen en mis labios
el paso de mil dráculas con muñones de alquitrán,
alfileteando el pubis de las madres que caminan ciegas,
y acallan las miradas de los hijos sobre el pecho.

Por cada una de las venas navegables,
como un regalo, un holocausto se detiene en mi espalda,
con el beso ofrecido del abismo
amputándome los miembros, mordiéndome los ojos
antes de la hoguera, antes de que esa lengua huérfana
cale en el retrato de todos los pulmones macerados
en un charco de leche seca.

Las palabras pueden arder en silencio
mientras arañan la sangre que nos queda,
cuando el terror es un acto de fe, un insulto resistente,
una plegaria infinita en la boca de los niños.

Ellos ven la pupila desangrarse donde acaba la voz,
justo donde el pezón de la noche
espera a que se duerma el mar
para que los muertos crezcan
en el vientre de las casas,
y sean el nuevo sonido de las manos cuando se juntan
y juntas caven en tierra sonámbula
la última canción de cuna, inaplazable, que nos nombre.


EPITAFIO

Aquí se separan las sílabas del miedo.
En este último naufragio, se empieza a abrir el agua
y el dolor del barro se hace humano.





Para acceder a la editorial clica aquí

dimecres, 4 / novembre / 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VII

Mis queridos lectores....

Una nueva entrega de Quién te dio permiso os espera, a ver qué secretos descubrimos hoy....








Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VII

El aire se confunde con el aroma de los muertos y la sangre mana por mis venas como ríos desbocados buscando una salida; las neuronas se queman a propósito en sus naves ultra espaciales y mi cara busca una alternativa, pero el alma no entiende para qué. La sombra no se atreve a retar a la luz, esta oscuridad augura lluvia y nieve en las cercanías de un planeta todavía desconocido. Estoy en medio de un terremoto nocturno, y voy a cerrar la puerta.

Pasé el pestillo, necesitaba disponer de toda mi intimidad para poder desintoxicarme de los lobos, en mi propio bosque donde podía darle de comer a mis volcanes.

La puerta de madera maciza lacada en blanco me protegía de un exterior en el que hasta los perros olían a simulacro. Eché una mirada alrededor, del gran armario empotrado, entrando a la derecha, dueño y señor, tanto a lo ancho como a lo largo, de toda la pared lateral de la habitación, salían muchos gritos dándose codazos, no sé si era el la piel de gallina del miedo, o muchas personas aullando, pero la sensación a promesa, esta vez no sabía a caramelo si no a cadalso.

Me quité la ropa con una parsimonia autómata y contemplé la imagen casi cataléptica del cuerpo desnudo un tanto entradito en carnes que me devolvía el espejo de la puerta interior central, antes de endosarme el pijama.

Los pocos abalorios que llevaba encima se los tragó el cajón de la mesita de noche donde también habían ido a parar todos los caminos cortados por accidentes de la memoria, desde niña, un simple cajón guardaba los secretos de una mente contagiada de rojas explosiones, toneladas de azules infantiles, de sonidos submarinos que hacían juego con los collares que me hacía cuando jugaba a ser la princesa del sol.

Siguiendo el recorrido de tantas otras veces, -algo del metodismo impuesto a mis genes me obligaba- me dirigí hacia la pared opuesta a la del guardarropa, donde me sonreía la balconera oval que durante el día regalaba una luz limpia y agradable; corrí el cortinaje fino de algodón pensando, que la próxima vez debería acordarme de cerrar las cortinas antes de desnudarme. Abrí la cómoda de ébano con sobre de mármol que quedaba justo en la pared opuesta a la de la cama y extraje del segundo cajón el liviano reguero de “abras-cadabras” amarillentas.

Después, con la sensación de haber cumplido con el ritual, me tendí en la cama sobre la colcha floreada, acomodándome sobre un caos de grandes cojines, empecé a deshacer la cinta amarilla y me dispuse a preparar a mis pulmones para el inminente naufragio en la segunda de las cartas.




“Madre,

No puedo por más que pensar que usted ha perdido por completo la razón! Pero ¿es que no se da cuenta de lo que está a punto de provocar si sigue adelante con esta locura? Padre no ha querido contarme casi nada pero he aprendido a saber interpretar las distancias y los silencios, ¿qué es lo que pretende hacer, madre?

Si aun le queda un poco de sentido común, de aquel del que tanto hacía vanagloria, reflexione, mujer de Dios, ¿de qué habrá servido mi muerte si no respeta para siempre el pacto que usted misma selló con el silencio?, su inclemencia durante todos estos años ¡dejará de tener sentido!

¿Recuerda la razón, motivos y causa de toda esta vida anónima? No puede haberlos olvidado…. No, no dejaré que los olvide mientras me quede una brizna de aliento, se lo aseguro. Todo el dolor que me ha inflingido durante todo este tiempo no puede caer en saco roto, ¡no se lo permitiré!, aunque tenga que escupirle toda mi historia a la cara, sí madre, mi historia… que no es otra que la suya propia, aunque eso le escueza y corroa por dentro, ya es hora de empezar a decir las cosas por su nombre. Sí madre, ha llegado la hora de que suba también usted al patíbulo, y sea ajusticiada en honor a la verdad, le aseguro que no sentiré ningún remordimiento por apretar el gatillo y ser, precisamente yo, quién la fusile.

¿La recuerda madre? Por aquel entonces ella era joven y bella, muy bella. Sus grandes y negros ojos almendrados segaban cualquier intento de mantener el ritmo cardíaco con un sólo vaivén de sus largas y frondosas pestañas, sus labios carnosos y bien definidos invitaban al pecado sin dilación y su talle esbelto imponía hasta respeto. Su cabello ondulado del color del maíz tapándole los hombros… era una verdadera maravilla. Yo sé que, en el fondo, a usted también le gustaba.
Pero ¡hay de nosotros!…. Cometimos el más grave pecado de todos ¿verdad? Aquel que no podía decirse en voz alta, aquel que hacía falta enterrar antes de haberlo podido vivir, antes de haberlo podido ni siquiera imaginar. ¿No es verdad, madre?

Aun recuerdo su dura mirada aquella severa tarde de otoño, no creo que pueda olvidarla jamás, triste…quizá, pero también contundente. No hicieron falta las palabras, en aquel mismo instante supe que lo sabía, que de algún modo lo había adivinado, y eso…. sencillamente no podía ser, no tenía cabida ni posibilidad ¿verdad madre? Eso era poco más que un libertino escándalo, demasiado para el buen nombre de la familia. Creo que la trama de su Gran Plan debió empezar justo entonces, corríjame si me equivoco….

En su mirada, lo recuerdo tan claramente como si fuera ahora, no había sólo enojo, madre, había horror, un pavor orgánico que casi pude respirar, y aun tuve que esperar muchos años antes de poder entender su causa. La historia se repetía una vez más, ¿verdad?. Sí, claro que sí, y con toda su fuerza, con todos sus errores y sus goces, con todo su fuego, y usted se sintió revivir en un pasado demasiado turbio como para querer recordarlo. Ese fue el mayor motivo de su crueldad, sea sincera, ¡maldita sea!, al menos consigo misma madre, y tenga el valor de reconocer por una vez lo que usted y yo sabemos.

Pero en la vida cada uno recoge lo que siembra madre, y el destino le jugó una mala pasada. Por una vez, se rió de usted, de su gloria y de su poderío, esta vez el reino no fue suyo madre, no… esta vez el destino fue enteramente nuestro. ¡Y como lo gozamos!…, fue la vida más bonita que viví, la única que quiero recordar, el resto ha sido muerte.

Ahora debo despedirme, pero ni por un sólo segundo piense que no seguiré adelante en mi empeño por contarle toda mi rabia, mi frustración y mi ausencia madre, porque ni desde mi muerte he podido perdonarla. Usted no tiene perdón, no se lo merece.

Desde mi tumba,y con toda mi rabia
Su hijo Francisco.”


Un reguero de “abras-macabras” sí, y sin mayor sentido, me dejaron los labios casi desérticos, hubiera sido el almuerzo perfecto par las moscas si la saliva no se hubiera apiadado de mi garganta. En momentos así es imprescindible saber reconocer el bendito fuego capaz de seguir inflamando los surcos de la piel. Sé reconocer el fuego que habita mis callejones y me permite ver ciudades póstumas y sé reconocer también, al hombre que vuelve de la pesadilla.


- Sí, eso es todo de momento, ¿te parece poco?
No entiendo nada. Ya lo sé, pero es que no es tan fácil chico listo!
Que qué? Oye..oye… no te pases ni un pelo… eso no es verdad, para empezar mi pelo no es rubio… mira tío…., menos cachondeo vale? “mi talle” nunca ha sido esbel… anda ya! Voy a colgar…
Pero bueno ¿qué te pasa esta noche? Si lo sé no respondo al teléfono joder!
¿Desde cuando soy yo tan entrañablemente per-fec-ta? No, no me gusta el tono.
Mira, voy a colgar…
Esto es el colmo! Quién, yo? un halo de inteligencia misteriosa? ¿Has bebido?
Tú has perdido la cabeza! …por encima del resto de los mortales… sí, claro, claro.. estás fatal.
Ja! ¡Mis ojos no tienen “iridiscencias de color miel” y tampoco mudan de color! “del negro a un do-ra-do ca-si i-rre-al”…corro a llamar al médico… te encierran fijo… ¡basta ya Tomás! Pues sí, me estás molestando con tanta tontería… no entiendo cómo te aguanto.
Esto se acabó, ni un segundo más, cuelgo!
No, no te lo mereces. He dicho que no, ¡claro que voy a seguir!, no, tú no.
Ciao.


Como si se tratara de deambular a través de unas cuantas aceras enfermizas cuando uno ya sabe el camino, estaba claro que abrir una tras otra las dichosas cartas era el paso siguiente, abalanzarse, devorarlas, pero el bombeo de las sienes era insoportable, un tremendo dolor de cabeza se estaba adueñando de mi voluntad, mientras en mi mente a oscuras, se repetía mentalmente una descripción....

Por aquel entonces ella era joven y bella, muy bella. Sus grandes y negros ojos almendrados… sus largas y frondosas pestañas……, sus labios carnosos y bien definidos… su talle esbelto… su cabello ondulado del color del maíz tapándole los hombros…


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

diumenge, 1 / novembre / 2009

UN FIN DE SEMANA REPLETO DE EMOCIONES



Queridos amigos, quiero compartir con vosotros dos grandes noticias que han hecho de este fin de semana todo un regalo:

PREMIO DEL PÚBLICO DEL CERTÁMEN DE POESÍA DEL MIEDO

Según recoge el Fallo del Jurado, comparto el premio del público del IV Premio Poesía de Miedo con José Javier Alfaro Calvo (Navarra), Miguel Ángel Marín Uriol (Aragón), y Dolan Mor (Cuba). El primer premio ha recaído en Manuel M. Forega y su poema «El dolor de la luz». Este mismo fin de semana se presenta el libro que recogerá todos los textos premiados, editado en la colección Papeles del Trasmoz de Olifante, Ediciones de poesía.

Ni qué decir cabe que me hace una ilusión tremenda haber sido galardonada en este certámen, en primer lugar por poder compartirlo con grandísimos poetas a los que tengo el honor de conocer personalmente, como Dolan Mor o Manuel M. Forega, de quienes guardo un cariñoso recuerdo de mi participación junto con Cesc Fortuny en el VIII Festival de poesía del Moncayo este agosto pasado, y en segundo lugar porque quien conozca las edicioes de Olifante, sabrá del mimo, esmero y cuidado que pone esta editorial en sus publicaciones, son realmente preciosas, y me honra muchísimo que mi obra esté contemplada en ellas.

Desde aquí mis felicitaciones a todos los premiados.

Para acceder a la nota de prensa clica aquí

FINALISTA DEL XIV Premio Internacional Ciudad de Torrevieja.

Hay quien dice que quedar finalista es en sí mismo todo un premio, sin duda en certámenes como el Ciudad de Torrevieja así es, así que toca celebración también, porque un poemario de mi autoría es uno de los diez finalistas de este año de entre las 298 obras presentadas. El Fallo de los premios se llevará a cabo el día 20 de noviembre.

Para acceder a la nota de prensa clica aquí

Bueno, parece que el 2009 quiere despedirse con buen pie!

dijous, 29 / octubre / 2009

AMB TOTA LA NIT DE CARN CLAVADA ALS LLAVIS


Imagen extraída de la red.


La llum escorxada sobre els meus muscles,
un truc de màgia per a aquest museu de cartrons,
cendres i una col•lecció de tardes
embolicades en paper d’embalar,
protegides del fibló de l’aigua,
del seny del pa sense llevat
o l’estoic aplom del ponent,
mentre s’ennuvola la sang cuita
i un petó travessat de bales,
hòsties sense sagrament i infinits ximples,
deixa orfes les mamelles sense partió
que aromen les meves mans.

No reconec aquesta mort,
aquesta solitud amb cos de xicota,
nua i retorçada, amb tota la nit de carn
clavada als llavis, aquesta tristesa entre llums
sense mare, aquesta habitació tan magre
on tot just caben els somnis. No hi tinc lloc
en aquest cel mossegat, en aquesta humanitat
de silencis molt greus, en aquesta fossa
de mandíbules vives
on ens traiem l’esperança pels ulls.


CON TODA LA NOCHE DE CARNE CLAVADA EN LOS LABIOS

La luz desollada sobre mis hombros,
un truco de magia para este museo de cartones,
cenizas y una colección de tardes
envueltas en papel de embalar,
protegidas del aguijón del agua,
de la sensatez del pan sin levadura
o el estoico aplomo del poniente,
mientras se nubla la sangre cocida
y un beso atravesado de balas,
obleas sin sacramento y estúpidos infinitos,
deja huérfanos a los pechos sin linde
que aroman mis manos.

No reconozco esta muerte,
esta soledad con cuerpo de muchacha,
desnuda y retorcida, con toda la noche de carne
clavada en los labios, esta tristeza entre luces
sin madre, esta habitación tan flaca
donde apenas caben los sueños. No quepo
en este cielo mordido, en esta humanidad
de silencios muy graves, en esta fosa
de mandíbulas vivas
donde nos sacamos la esperanza por los ojos.

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dilluns, 26 / octubre / 2009

NO CALLA L'AIGUA


Fuente de la imagen: www.turismoporespana.com.ar

Cuando algo se olvida, calla el agua.
Felipe Benítez Reyes


La ferida té sempre el seu lloc exacte,
des d’abans d’haver-la suposat
el seu nom és real entre les cames,
en les converses del silenci repetit
i en el mapa que atresora la geografia de la sang.

Amb el cel per calidoscopi
i la galta cara en dins cap a la tomba del torb,
resem perquè calli l’aigua
però les parpelles pensatives
obren escletxes d’escuma
sobre els ulls naufragats en alguna llàgrima.

El poema plou
i deixa el gebre borrós sobre el món,
sobre el buit de la boira i les hores rendides
en la intermitència d’un toll, el poema cau
de futurs rojos i valerosos groguencs,
de joveneses fredoroses i pallassos morts,
cau i fa olor a duel nòmada,
a equivocació nerviosa de la llum,
com un holograma de la seva estructura adolorida
que ens nomena,
i no calla l’aigua, no calla.


NO SE CALLA EL AGUA

Cuando algo se olvida, calla el agua.
Felipe Benítez Reyes

La herida tiene siempre su lugar exacto,
desde antes de haberla supuesto
su nombre es real entre las piernas,
en las conversaciones del silencio repetido
y en el mapa que atesora la geografía de la sangre.

Con el cielo por calidoscopio
y la mejilla vuelta hacia la tumba del aire,
rezamos para que se calle el agua
pero los párpados pensativos
abren resquicios de espuma
sobre los ojos naufragados en alguna lágrima.

El poema llueve
y deja la escarcha borrosa sobre el mundo,
sobre el vacío de la niebla y las horas rendidas
en la intermitencia de un charco, el poema
se cae de futuros rojos y valientes amarillos,
de juventudes frías y payasos muertos, se cae
y huele a duelo nómada, a equivocación nerviosa de la luz,
como un holograma de su estructura dolorosa
que nos nombra,
y no se calla el agua, no se calla.

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dissabte, 24 / octubre / 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VI

Mis queridos lectores....
se acerca el momento de empezar a indagar en la verdadera historia.... y no voy a dejaros con las ganas... adelante, pasad, pasad....








Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V

QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VI

Había trasladado el contenido del arcón a mi habitación., me temblaban las manos y lo que era aún peor, tenía esa extraña sensación de oler el peligro en el aire, cómo suele pasarme en las congregaciones de Miraflores. No consigo librarme de la sensación de ser como una mariposa arrepentida de su desesperación; como si fuera motivo de alarma el golpear una puerta y sorprenderse, en esta familia cualquier cosa fuera de lugar es… más que sorpresiva, insultante. Lo intento, pero me sigo alarmando por este orden asmático que reina aquí. Caigo y de la caída nace un cáliz con figuras abstractamente dispuestas, como queriendo estar desordenadas pero no es así. Todo tiene su ciencia.

Esa tensión ancestral legitimada por los años, no sé…. nadie habla nunca claro, comentarios a medio decir que son como recetas milagrosas para exorcizar alguna especie de condena, miradas intensas de reproche que se hacen de soslayo y dejan un regusto a mala niebla en la boca… algo les ocurre a todos, son como sombras en crisis, algo….que queda impreso en las huellas dactilares de la voz, para que nadie pueda escaparse, quedarse fuera…. ¿Y las sonrisas? Es increíble lo falsas que pueden llegar a ser sus sonrisas, si cuando las combinas con la mendicidad de la mirada suenan a anacronismo absoluto, a discordancia semántica, a fallo de sintaxis!!!! Y sin embargo allí estamos todos, como todos los veranos, juntos y unidos, formando un núcleo familiar excepcional….

Sentada en el borde de la cama, examiné la primera de las cartas, no había fecha ni más nombres que un sencillo “Su hijo Francisco” al final del escrito a modo de despedida. Las únicas referencias que podían servirme de guía estaban en el sobre, un matasellos de Venezuela y la fecha de expedición medio ilegible sobre un papel satinado de color amarillento probablemente ya en su origen, y que con el pasar de los años, se había oscurecido aun más.



“Madre,

Hace tiempo que no contactaba con usted, pero ya se sabe, los muertos no hablan, así que me ahorraré las disculpas y demás palabrería que a estas alturas ya no tendrían ningún sentido. Además, tenga en cuanta que en mi destierro no siempre es fácil conservar la identidad –o mejor dicho la no-identidad- sin incurrir en riesgos que ninguno de los dos desearía, ¿o quizá si?

Padre dice que está bien, me “alegra”(si es que puede decirse así) saberlo. Me entristece no poder comprobarlo personalmente pero hace ya tanto tiempo que aprendí a vivir sin su presencia que casi se ha convertido en una imagen fantasmagórica para mi, que me sirve de bálsamo en mis momentos más desesperadamente amargos, y usted, más que nadie en este mundo, sabe que los hay.

He tenido que aceptar la imposición de que mi ausencia era necesaria (o al menos lo era en su mundo), ¿pero se da cuenta de lo extremadamente difícil que es seguir viviendo así? No sólo me ha despojado de mi esencia, de mi pasado y de mi familia, sino que también lo ha hecho con mi futuro, ya no hay posibilidad ninguna para mí, madre, y todo se lo debo a usted.

Me ha matado en vida, y lo ha hecho con tanta conciencia como con la que yo lo acepté, por no contrariarle, por no causarle más daño, como lo hizo usted antaño, ¿verdad madre? Padre tampoco tuvo el valor de contrariarle cuando tomó la decisión de desterrarle a él también, de hecho nadie ha osado contrariarle nunca, y en ello radica toda su fuerza.

No es mi intención implorar el perdón. No, no voy a pedirle perdón madre, y si le inflijo pesar con mis palabras, sepa que es la única arma que me queda para paliar tanto dolor, el único vínculo que me une a usted. Las palabras escritas en un papel, escasas y siempre maquilladas bajo el anonimato de quien no existe ya, y nunca existirá.

Un muerto no puede resucitar.

Desde mi tumba, con toda mi rabia,
Su hijo Francisco. “


Creo que me mareé. No sabía donde estaba, no lograba entender absolutamente nada. Recuerdo que lo que se me quedó en diagonal en el estómago fue el tono de aquellas líneas.

Yo soy de las que defiendo que el amor a nuestros padres no es congénito, que no vienen ya de fábrica las coordenadas en el GPS de nuestro corazón para llevarnos directamente al amor paternal. No, los sentimientos elaborados, como todo en esta vida, hay que aprenderlos, y el amor “consciente” a nuestros progenitores lleva su tiempo, porque antes de esa fase, es pura necesidad. Pero lo que tenía delante… aquello era infumable. Tenía ante mí un desnudo de alguien desgarrado, con mucho, mucho odio entre las cejas. No alcanzo a comprender como puede alguien condensar tanta saliva fermentada y no morir de una úlcera sangrante en las encías.


- Amira, cielo, la cena estará lista en diez minutos, por favor no tardes en bajar, sabes que a tu padre no le gusta esperar-


Volví a colocar la carta en el sobre y tuve mucho cuidado en guardar mi recién hallado tesoro, aunque no tuviera muy claro en que consistía todavía, entre la ropa interior en el cajón de la cómoda.

Bajé a cenar un segundo antes de los diez minutos concedidos como margen, sabía perfectamente que mi padre no soportaba la espera, la puntualidad era una norma más de entre las miles de pautas estrictas que regían el interior y el exterior de mi familia. Quizá mi naturaleza sea desordenada por un extraño error en mi ADN, o puede que éste hiciera campana el día en que las células aprendieron la combinación adecuada para los Miraflores, pero lo cierto es que me ahogo entre las líneas cuadriculadas de esta inmensa libreta donde nunca ha habido ni una sola hoja en blanco, y ahora que la buhardilla se ha quedado huérfana, siento una punzante necesidad de volver a mi mundo, a la universidad, al lado de Tomás… seguir con mis idas y venidas, entre cafetería y bocadillo rápido en el Bar Estudiantil, abriéndome paso entre cuerpos, codos, carpetas y cabezas sonámbulas luchando por conseguir una dosis de café con leche, biblioteca, sala de actos y el rector de mi tesina… sí, ese es el océano que necesito inyectarme ya mismo en las venas…. .

Mantel y servilletas. Amarillo como las baldosas el mantel, verde como la cenefa que unía el mármol con la pared, las servilletas. Platos en crema con florecitas verdes y amarillas, a juego con los cojines que cubrían los taburetes dispuestos alrededor de la mesa rectangular situada milimétricamente en el centro exacto de la cocina, todo dispuesto y en orden, todo menos los jugos gástricos de mi mente.

Por una vez en la vida, la ley del silencio jugaba a mi favor. Ese silencio denso que lo impregnaba todo, ese eficiente verdugo de las inquietudes y hasta las emociones, sólo interrumpido por la música del gramófono de la sala de estar de uso exclusivo de mi padre, acabó de indigestarme y me sirvió para excusarme a mitad de la sopa, esquivar la mirada de desaprobación que formaba parte de las muchas cosas que sin decirse acababan siempre en el aire, y escabullirme de ese tono cortante que podía intuir hinchando sus labios hasta convertirlos en bombas a punto de explotar, escupiendo las palabras a derecha e izquierda pero sin gritarlas. Sí… imaginarlo es fácil, Don Roberto no gritaba nunca. No, no hacia falta alzar la voz, se podía ser categóricamente asertivo empleando un tono de voz correcto, solamente había que cerciorarse de que los presentes hubieran captado el mensaje escondido tras la frase, fuera la que fuera, y lo captábamos…. siempre lo captábamos.

Volví a mi habitación.


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimecres, 21 / octubre / 2009

LA PELL COBRA PEATGE A LES FERIDES


Fuente de la imagen: www.clarin.com/.../06/14/um/fotos/niebla3.jpg

LA PELL COBRA PEATGE A LES FERIDES

El xiuxiueig s'estavella
en el marge dessagnat d'un nom,
corre cap a enrere sota la tarda,
conviu amb el trencament dels cossos,
camina entre boires coagulades, i segueix
donant-nos caça, des del sòl de totes les tragèdies.

Podríem ser mil coses
en aquest cel en morse,
qualsevol descàrrega d'avorriment sobre un rellotge,
una ombra que busca la seva paraula
per a fer-se cadenat entre els boscos,
el terror d'un púrpura completament líquid
o la lluna dissecada
que arrossega les seves sabatilles
pel perímetre de les mans,
però l'aire funerari d'aquest malson
em recorda
que tot es viu xino-xano en aquest carrer,
i que la pell cobra sempre peatge a les ferides.


LA PIEL COBRA PEAJE A LAS HERIDAS

Los murmullos se estrellan
en el margen desangrado de un nombre,
corren hacia atrás por debajo de la tarde,
conviven con la rotura de los cuerpos,
caminan entre nieblas coaguladas, y siguen
dándonos caza, desde el suelo de todas las tragedias.

Podríamos ser mil cosas
en este cielo en morse,
cualquier descarga de aburrimiento sobre un reloj,
una sombra que busca su palabra
para hacerse candado entre los bosques,
el terror de un púrpura completamente líquido
o la luna disecada
que arrastra sus zapatillas
por el perímetro de las manos,
pero el aire fúnebre de esta pesadilla
me recuerda
que todo se vive despacio en esta calle,
y que la piel cobra siempre peaje a las heridas.

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dilluns, 19 / octubre / 2009

CORTAFUEGOS ENTRE LAS CEJAS DE CIEN AÑOS


La Pared. Fotografía cedida por Sofía Columela.
La ilustración de este poema forma parte de mi propuesta de interacción con la imagen, un proyecto de colaboración para unir textos e imagen en un solo conjunto.



La calle se aprieta la barriga
para retener las vísceras de asfalto, ese sudor
que nos navega desde las ventanas, desde la piel
de nuestro hermano, desde la maleta
donde la noche guarda sus desaires,
testigos de la lluvia crecida,
mojados de ternura y escándalo.

La esquina de un horizonte bajito,
se sujeta la cabeza para parir bancales,
trenes de carga, brazos apilados,
pechos con el sol encima, así las piedras
son entonces casas de luz con el amor quemado,
cortafuegos entre las cejas de cien años,
un lenguaje lateral de metralletas jóvenes
apuntando al panadero, experto en amasarle
los huesos a la muerte, un pétalo sin sombra
que sorbe poco a poco el rojo de las almas
y que también apunta, esta vez a un cuerpo cerrado
por el tiempo, y todos ellos conteniéndose,
apretados y sin nombre, en la trinchera pétrea
de una mujer de escarcha.

Marian Raméntol
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Sofía Columela, nacida en Cuenca y residente en Madrid, es la autora de la fotografía que viste este poema, podéis consultar su trabajo en el blog Estar al acecho

dimecres, 14 / octubre / 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO V

Otra entrega, queridos lectores, ahora que sabemos un poco más a qué huelen los miembros de esta familia, os invito a seguir adelante con esta historia, que como iréis descubriendo poco a poco, todavía no ha empezado.....

Para los rezagados:
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV




QUIÉN TE DIÓ PERMISO. CAPÍTULO V

“Mi querida niña,

Se acerca el momento de decirnos adiós definitivamente y todavía me quedan muchas cosas que decirte y otras muchas que callarme. Mi vida ha sido larga y plena, no me quejo de mi suerte, así que no se te ocurra llorar por mí, no hay motivo para que te entristezcas.

He hecho de mi vida lo que quería hacer y he obtenido mis pequeñas recompensas, entre ellas el privilegio de tenerte a mi lado y contagiarme de tu juventud. Contigo he revivido tantas cosas….. y lo más importante…. He podido reír, gracias pequeña mía, por haber nacido.

Amira, tengo que contarte algo, y como presiento que el tiempo se acaba, voy a hacerlo ahora, antes de que sea demasiado tarde. Aprovechando tu estancia en la universidad este invierno, he subido al desván un viejo arcón donde he ido guardando trocitos de mi para que puedas comprender el porqué de muchas cosas, algunas necesarias, otras inevitables, pero todas ellas servirán para que sepas la verdad, porqué esa verdad es también tuya.

No culpes a nadie ya que la única culpable soy yo, lo que hice lo hice para protegeros a todos. Quizá me equivoqué, pero quiero que sepas que fue hecho con la mejor de las voluntades, para evitar sufrimientos absurdos que no hubieran ayudado a nadie. Aquí te dejo la llave.

Si me equivoqué, espero sepas perdonarme algún día.

La casa también es tuya, sé que tú sabrás valorar toda su historia y sabrás seguir soñando en su interior. No abandones nunca tus sueños Amira, ellos son el tesoro más grande que tenemos y el vínculo que nos unirá siempre. Sigue inventando historias con tu vieja pluma, sigue construyendo mundos sobre trozos de papel y léemelos en voz alta, yo seguiré escuchándolos como siempre lo he hecho, no permitas que nada ni nadie altere tu esencia, mi niña, sigue siendo tan especial como siempre lo has sido y no me olvides.

Te quiero.
Victoria.”




- O sea, que después de dejarte los riñones batallando con el maldito arcón resulta que ésa era precisamente parte de tu herencia, tiene huasa la cosa...
- Eso parece. ¿Has averiguado algo más, Tomás?
- Bueno, ayer hice una visita nocturna a la calle Carlets. No es difícil entrar en lo que queda de la casa, está todo en ruinas Amira, no encontré nada más que paredes sucias, suelos destrozados, restos de lo que en otro tiempo debían haber sido muebles, en fin, nada relevante.
- Pues entonces está claro que la clave de todo este asunto está en estas cartas, ¿no?
- Sí, parece que sí, si quieres me quedo contigo.
- No. Muchas gracias Tomás, pero prefiero quedarme sola.
- Mira Amira, cuando me siento sobre la cuerda floja me invento un juego, y ahora te pondrás a reír, pero en ese juego tú eres la protagonista, veras, empiezo a imaginarte, sentada en cualquier sillón, con la mirada perdida en cualquier punto de la habitación y… pensándome. Quizá acordándote de un gesto o de una simple mirada, lo importante es que te hayas sorprendido a ti misma extrañándome. De hecho no sería sorprendente, pasas más tiempo conmigo que con nadie, aunque reconocerlo podría sonar…, pues…. como algo sospechoso y muy propicio para engendrar morbos varios.
- A tía Aurelia le encantaría meter la nariz en algo así, ¡seguro!.
- Y hay que decir, que la mayoría de esas mentes, incluyo a Aurelia como el mayor exponente, que nada entienden y nada saben, suelen deleitarse con semejante festín de fantasías, ¿sabes por qué? Porque en realidad, son ellos los protagonistas que se esconden bajo el nombre de la víctima, así pueden decir e inventar todo lo que a ellos les hubiera encantado vivir.
- Sí… pero a dónde quieres ir a parar?
- Te invito a que te pierdas en pensamientos relajados, tranquilos, de aquellos que te vienen a la mente sin querer, cuando nadie los llama, suele ser sorprendente, te asaltan imágenes de lo más singulares, casi siempre agradables, que inmediatamente tu decoras y amplias a tu manera empezando ya a tomar consciencia de la existencia de ese pensamiento, y por lo tanto incorporándote a él y convirtiéndote paulatinamente en su protagonista.
A mí me gusta soñar así, y no me asusta reconocer que tú eres parte implícita de esos pensamientos, miradas, gestos, palabras, detalles…. Un sinfín de imágenes, a cual mejor, que se pasean por mi tranquilo sosiego esperando a que yo pase a la acción, congele una de ellas, y empiece a crear para ella un cuento más, donde por su puesto yo seré el héroe y tú la más bella de las princesas; mientras me detengo cuanto quiero en contemplar esa imagen congelada y ampliada a tamaño natural. Nadie me molesta y nadie me lo impide. Siempre me ha divertido jugar a este juego. Y a veces… jugando… intento imaginarte a ti sentada en cualquier rincón, y participando del mismo juego…
- Tomás…¿tú te has chutado o qué? por favor… vas a hacer que me salgan los colores…¿a qué viene todo esto?
- Vale, vale. Tengo claro que me quedaré con las ganas de saber si alguna vez te has sorprendido congelando imágenes mías ¿verdad?
- Pues sí. Oye…tú no estás bien, mejor descansas un rato y nos vemos mañana, ¿si? No me mires así, eres tú el que estás de lo más raro.... ¿De verdad me buscas para enfrentarte a tus fantasmas Tomi? ¡Creo que mi ego está a punto de aplastarme!. Anda… déjame ahora ¿quieres? Te llamo luego y hablamos, te lo prometo.


Tomás..... mi deshollinador particular de despropósitos. Cuántas veces te he buscado como si el imán de mi inconsciencia iniciara un ritual cómplice, casi sin querer.

Tú siempre estás ahí, detrás de una puerta, llenando cualquiera de los rincones del campus, columpiando tu sonrisa entre mis libros o sacándole brillo a mis pasos. Estirados sobre la hierba entre clase y clase, mientras expones tus teorías sobre un mundo moribundo. Me doy cuenta…. y no me gusta la idea de crearme más Dioses, sin embargo no puedo controlarlo. La Voluntad, esa gran señora que acapara todas las miradas de tu garganta, y esa impotencia mía que traiciona tus enseñanzas. Es todo demasiado confuso, demasiado denso, pero no me molesta.

Al contrario, hay algo morboso en eso de fabricarnos un Dios a la carta, me hace sentir diferente ante El, satisfecho de tenerme como su más querido y mimado aprendiz. Me siento más viva. Eres un Dios inventado por mí, sientes únicamente lo que yo te obligo a sentir, y así está bien, es per-fec-to... o sea que ven… ven , te lo ordeno… repta hasta mi boca, y no te olvides de los pies…deja que el tiempo nos devore y luego sube lentamente, ... quiero esa húmeda succión… dámela… Ni se te ocurra desaparecer…Sigue el ritual por mi vientre y nota cómo se contrae. Trata de mirarme… mírame! Mis pechos son pura explosión de aire de incendio… entrégales tus labios Tomás… sigue deshaciéndote en regueros de saliva y presión, si…. Así… ahora fúndete conmigo con la punta de los dedos, casi sin rozar. Nótalo, denso y oscuro, tibio, cálido… te estoy nombrando, vamos Tomi, aumenta la presión de la mano, Si… presiona … hunde… desliza …y no pares….


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimarts, 13 / octubre / 2009

UN VIOLIN MIRA CÓMO SE PEINAN LOS MANIQUÍES


Fuente de la imagen: imagenes.solostocks.com/z1_2514140/maniquies.jpg

El aire menstruado interrumpe mi ventana,
intenta teledirigir el lagrimal, el vientre
y el pulmón de las paredes que guardan
mis distintos cuerpos, mi colección de niebla
y mis fotografías en el agua.

Pero la tristeza es una enfermedad de crecimiento,
un francotirador expresionista de letras solas,
heridas y descoyuntadas,
una generación de nudos puntuales,
de cielos hundidos en las manos
que nos regalan costras de cuarzo
con las que adoquinar el corazón.

Un violín mira cómo se peinan los maniquíes
y comprende el desamparo de la sangre
la tremenda brevedad de un nombre
alrededor de los ojos murales, de las calles rápidas,
de la luz llovida a mordiscos,
y de esa niña
que se acaricia los pechos bajo las alas.

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diumenge, 11 / octubre / 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTLO IV

Una nueva entrega, queridos lectores.....

Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III




QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO IV

- ¿A qué hora empezará la obra de teatro, mami?
- Hija no empecemos…. Hemos quedado aquí a las cinco con Don Arturo que ha sido tan amable de desplazarse en honor de su amistad con Victoria, y los tíos vendrán a comer, y por favor, te ruego que hagas un esfuerzo y te guardes la provocación en el bolsillo de esos desastrosos tejanos que te has puesto, de acuerdo? Sólo por hoy, vale?
- Ya veo, o sea que tendremos sesión de “íntimo consuelo familiar” a partir de las dos, menuda faena! Las últimas voluntades de la abuela es un plato demasiado suculento como para perderse los preparativos, ¿verdad mamà? Se tienen que poner a cocer a fuego lento las tácitas sonrisas de reproches, las jugosas miradas de desaprobación, y los besos venenosos de rigor… lo que me extraña es que no hayamos muerto ya de indigestión.
- Amira! Basta ya. Anda, ayúdame a poner la mesa.
- Claro mami, por cierto, ayer cuando saqué la bandeja de plata para el té, me di cuenta de que una de las puertas de la vitrina tiene el cristal biselado un poco suelto, ¿quién arregla estas cosas?
- No te preocupes, avisaré a Rogelio para que se encargue, aunque tendremos que esperar a pasado mañana, los sábados no trabaja.


Los tíos y Tomás llegarán puntuales como siempre y me apuesto lo que queda de mi orgullo a que traerán un par de bandejas de pastelillos de almendra y una botella de vino dulce… como si los viera… con eso darán por bien pagada su presencia en esta casa y el derecho a hacer y deshacer a su antojo.


- Mami… tú crees que tía Aurelia se irá algún día del todo?
- ¿Qué quieres decir Amira?
- Es que me da la sensación de que no se fue de aquí al casarse con tío Tono, yo creo que nunca se ha desentendido del gobierno de esta casa, si te fijas, sigue apoderándose contundentemente del espacio y del tiempo a la que cruza la puerta del zaguán, y lo hace con tanta autoridad y desparpajo que nadie ha sabido impedírselo nunca.
- ¿Hay moros en la costa, Amira?
- No, estamos solas, el moro mayor debe estar en el salón para variar…
- Mira hija, tu tía Aurelia es como un mal yogurt. Qué se puede esperar de ese cuerpo pequeño y enjuto, coronado por un moño escaso y pobre, de un castaño desgastado y tan perfectamente repeinado que sólo puede llevarlo recogido en una redecilla a la altura de la nuca. Y los ojos…., Ja! Qué decir de sus ojos…. No te fíes nunca de unos ojos pequeños como cortes de navaja, de ese intenso azul que todo lo congela. Con esas manos finas de dedos demasiado alargados y repletas de diminutas arrugas, y esas uñas cóncavas y mal formadas que acaban de darle ese aspecto de….
- Mamá! Por Dios! Te has puesto alas en la boca!
- Es que acabo de tomarme un whisquicito…¿seguimos sin moros? bueno pues ya que estamos deja que continúe que tu tía no tiene desperdicio… ese insoportable carácter de mosca revoloteando insistentemente en un día nublado apesta a podredumbre, y… ¿sabes? como apuntaría aquí tu agudo ingenio, menstrúa desprecio cada vez que se le ocurre abrir la boca
- Pero eso sí, desprecio cortés, claro está.
- Exacto, qué interesante hija… resulta que me siento mucho mejor…
- Te creo! Vaya retahíla de maravillas que acabas de soltar, bendita seas!
- Bueno… y qué te parece si llevamos al matadero a Antonio? Pero esta vez el martillazo en la sesera se lo das tú… venga! Anímate!
- Mamà… ¿cuánto whis-qui-ci-to te has tomado? De acuerdo, allí voy. Yo creo que tío Tono es un poco más moderado, ha adquirido el derecho de imponer su visión “desde fuera”, como siempre se encarga de matizar, y por tanto muchísimo más clara y definida que la del resto de los mortales. Ante cualquier situación que afecte a esta familia, él es el Juez imparcial que posee la verdad absoluta, y lo más absurdo de todo es que tiene el poder de idiotizarnos las neuronas porque a lo máximo que nos atrevemos es a asentir con la cabeza.
- Vaya, que modosita te me has vuelto Amira… pero vale, se acepta.
- Y Tomás…., bueno Tomás siempre se ha mantenido un poco al margen, probrecito mío, no es que se sienta cómodo en estas reuniones, pero tampoco sabe cómo evitarlas. Yo creo que se siente obligado por su impuesta gratitud hacia Aurelia y Tono. Así se lo han inculcado desde pequeño, ¿sabías que cada noche de su vida, al rezar sus oraciones, debía inexcusablemente dar las gracias a Nuestro Señor por la bondad de los tíos, que lo habían acogido en el seno familiar sin reparos y con todo su amor tras la muerte de sus padres? Es monstruoso, él era sólo un crío!
- Sí, es monstruoso, efectivamente. Amira… nos hemos olvidado del personaje más importante de todos ¿no te parece?
- ¿Te refieres a papá?
- Hija… he dicho im-por-tan-te…
- Entonces sólo puede tratarse de Victoria.
- Sí, Victoria era un mundo a parte en sí mismo, demasiado especial para pasar desapercibida en un universo de gente vulgar, pero yo creo que fue tremendamente lista. Supo protegerse tras el nombre de los Miraflores, demasiado respetado como para ser atacado públicamente, supo vivir bajo las pautas y las reglas del bien hacer de puertas hacia fuera. A misa todos los Domingos y fiestas de guardar, impecable en las reuniones de la vecindad, vestida con la elegancia justa de quien lo es desde dentro y no necesita manifestarlo por fuera. También ella había sabido imprimir en su rostro una sonrisa amablemente dulzona que prodigaba siempre, la había visto “actuar” muchas veces y a mi no podía engañarme, siempre vi en sus ojos esa alegría íntima de saberse a salvo de toda aquella mediocridad.



Sonó el timbre, las cinco en punto. Vi a Aurelia dar un respingo y levantarse de su asiento casi sin dar tiempo a que los demás tomaran consciencia de la realidad de aquel sonido de campana vieja.

- Ya voy yo querida, debe ser Don Arturo. Yo me encargo.
- Como quieras Aurelia, gracias.

Al poco estábamos instalados todos en la sala, Don Arturo se hallaba de pie, de espaldas a la chimenea de mármol blanco coronada por una decena de portarretratos que contenían la historia amarilla de la mayoría de las personas presentes en aquella sala, reflejada la espalda azul marino de impecable corte inglés, en el espejo veneciano que reposaba sobre la chimenea. Los demás nos habíamos acomodado en las diferentes butacas y butacones que ya habían protagonizado momentos de incómodo desacuerdo entre mi madre y Aurelia unas horas antes, por el mero sacrilegio que, al parecer, suponía o “debía forzosamente suponer” moverlos de su emplazamiento habitual. Pero al final, tía Aurelia, en una especie de borrachera milagrosa, había cedido, creo que por primera vez en su vida, a la iniciativa de mamá.

Don Arturo empezó a hablar tras un leve carraspeo.

-Bien, puesto que todos habéis tomado asiento, y en mi condición de Notario capacitado y Albacea particular de Doña Victoria, no reuniendo ninguno de los presentes causa alguna de indignidad sucesoria, procederé ahora a dar curso a la voluntad expresa de Doña Victoria Artús Guinovart, que acudió ante mí, por libre decisión y en sus plenas facultades mentales, en mi domicilio social de la calle Escudería de esta localidad, el pasado mes de Octubre, en el día 16 a las 10,30 horas…

Mi abuela era impresionante en más de un sentido, una verdadera superviviente hasta el último momento. La lectura del testamento se hizo de forma totalmente anómala siguiendo su expresa voluntad. Dejó claramente perfilado en el documento testamentario el modo y manera en el que debía procederse, así que nos entregaron un sobre cerrado a cada uno, donde se suponía que Victoria se despedía de manera privada y personal, ordenando así mismo legado de confianza y prohibiendo explícitamente su revelación, con el requisito indispensable de que el Notario, Don Arturo Deulofeu de la Miranda, estuviera presente en el momento de abrirlos y diera fe de que todos y cada uno de nosotros habíamos leído su contenido en intimidad pero en su presencia, tras la lectura todos deberíamos manifestar por escrito, en los documentos que Don Arturo nos había entregado juntamente con los sobres, que nos dábamos por enterados y que nos obligábamos a nada más pedir ni reclamar.


Por más tiempo que pase, nunca podré olvidar sus caras. Victoria había chafado en un plis plas todo el meollo de la fiesta. Mi abuela, una vez más, se había reído de todos ellos, privándoles del momento que todos anhelaban, el momento de poner en común quién había sido el más querido, quien se había llevado la mejor parte, allí ante todos, de manera consensuada y aceptada, como siempre se hacían las cosas entre los Miraflores. Pero no, casi pude imaginarme la carcajada de Victoria. Genial! abuela, estuviste genial.

Recuerdo que en el rostro de Don Arturo se dibujó casi inconscientemente una tímida sonrisa de complicidad que no pasó desapercibida a los ojos de tía Aurelia, e imagino que a su estómago tampoco, echaba fuego.

Pero aquel sábado tenía reservadas todavía algunas sorpresas. La broma de Victoria no acabó aquí, después de recoger todos los manifiestos debidamente firmados por cada uno de los presentes, Don Arturo debía asegurarse personalmente de que la reunión familiar se disolviera, acompañó y despidió a cada uno de los integrantes de los dos brazos de la familia, así pues tía Aurelia, tío Tono y Tomás abandonaron la casa sobre las 7 de la tarde, y pondría la mano en el fuego de que se marcharon profundamente afectados por no haber podido desempeñar su papel tal y como era de menester.

Yo no tenía muy claro el grado de legalidad que podría o no tener la manera de proceder poco ortodoxa de la lectura de aquel testamento, pero la presencia y autoridad de Don Arturo, y el peso del carácter de la abuela, bastó para que nadie se saliera del redil, al menos durante ese sábado.




(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimecres, 7 / octubre / 2009

EN LA INFINITA QUIETUD DE TU MILAGRO


Fotografía cedida por Roberto Aguirre Molina, "Respiración-grabado".
La ilustración de este poema forma parte de mi propuesta de interactuación con la imagen, un proyecto de colaboración para unir textos e imagen en un solo conjunto. Los datos del autor los encontraréis al final del poema.



El oído en llamas, pegado a la lluvia,
herida monosílaba que cuando abre los brazos,
aquieta la carne sobre el mundo
como un pájaro muerto.

La lágrima en orden de combate,
se despeña monocroma
por el cadáver anónimo de un pecho,
cierra de golpe las cortinas de la tarde,
y dispara a bocajarro
traducciones del miedo hacia los poros.

No puedo reflejar ese azul extraño
de la cicatriz que dejaron tus ojos
sobre el lomo del mar,
se me cayó el pincel en el infierno
y ahora el corazón bebe en solitario
el dolor de los peces, mi nombre desleído,
y ese horizonte flojo que rebota en mí
sin darme tiempo a creer
en la infinita quietud de tu milagro.


Marian Raméntol
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Roberto Aguirre Molina: 10 libros de poemas editados y un cuadernillo con dibujos. "Pisada", editado por la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, en el año 2006; y en diciembre de 2008 se editó: "El pan y la Piedra", que obtuvo el Premio José Pedroni, otorgado por la Provincia de Santa Fe. Edición a cargo de la U.N.L y la Provincia de Santa Fe.
Podéis ver su obra en los siguientes links:
poemas, imagen, textos: http://www.elixiraereo.blogger.com.br/index.html
bocetos borradores: http://alzadamano.blogspot.com/
pinturas: http://fotolog.terra.com/aberrantesujeto
poemas y creación literaria:
http://www.animalesenmasa.blogger.com.br/index.html
http://tusyovirtual.blogspot.com/
fotos: http://picasaweb.google.com/robamolina
fotos: http://www.flickr.com/photos/robertoaguirremolina/
fotox byn: http://bosyono.blogspot.com/

dilluns, 5 / octubre / 2009

TUS ZAPATOS SOLOS EMPIEZAN A LLOVER SOBRE EL MUNDO


Fotografía de Spencer Tunick


Las arterias de mil maremotos
ejercen de matones y catalogan la tormenta
abrazada al cuello, pasan cuentas con la tarde,
enumeran las llagas de moho sobre los labios,
el dolor que navega en bolsitas de suero
exiliadas sobre una plegaria cenicienta,
y la pólvora que naufraga en el cerebro.

Nadie puede elegir
esa luz de mirada bilingüe y planchada,
que pretende darnos lecciones de dicción
sobre el asombro de la sangre, sobre los ojos
sin orillas y el terror dialogado que deja siempre
el corazón humeante y los labios
a medio camino del perdón.

No sé si mueres un poco menos
cuando esperas ese abecedario enfermo
para la salvación en diferido,
esos besos en miniatura, orquestas de canela
que contrarrestan el vapor frío
en los márgenes de una boca cruda.

Tu cuerpo recién vaciado,
escupe oasis dentro de una aguja,
mientras tus zapatos solos
empiezan a llover sobre el mundo.

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Spencer Tunick, fotógrafo estadounidense nacido en Middletown (Condado de Orange (Nueva York) el 1 de enero de 1967. Obtuvo una titulación en Ciencias por el Emerson College en 1988.
Sus fotografías se caracterizan por grandes masas de personas desnudas dispuestas en artísticas formaciones a menudo situadas en localizaciones urbanas. Surgen de estas imágenes una serie de tensiones entre los conceptos de lo público y lo privado, lo tolerado y lo prohibido o lo individual y lo colectivo.
La fotografía de Tunick ha sido capturada de la revista El Mañana (2007)

dissabte, 3 / octubre / 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO- CAPÍTULO III

Una nueva entrega, queridos lectores, más detalles sobre el desván y un misterioso baúl, un arcón desconocido, intruso, extraño en medio de un mar de objetos íntimamente conocidos por Amira, un objeto que al parecer tiene intrigada a nuestra protagonista en modo sumo y que al mismo tiempo tiene el poder de incomodarla...¿queréis saber más? pues adelante.....





Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II




QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO III

El atizador de hierro forjado que había substituido al abrecartas de Ernesto era todo mi armamento y por munición me bastaba la rabia hirviendo en el diafragma. De nuevo aquel sonido quejumbroso parecía alzar su particular grito de guerra y la luz que entraba por los porticones abiertos de las pequeñas ventanas se mantenía en la retaguardia, cosa que no favorecía en nada a mi bando.

La verdad es que en aquellos momentos bendije a mi abuelo y a su manía de guardarlo todo, aunque ya no sirviera para nada. Recuerdo que él siempre decía que era un puro acto de respeto por los objetos, que si en su día habían sido utilizados e incluso algunos de ellos admirados, no se merecían una destrucción sin pena ni gloria en el cubo de la basura. Yo creo que de haber podido, el abuelo hubiera guardado hasta las arrugas argumentando que cada una de ellas tenía su propia historia y seguro que lo hubiera hecho muy serio, porque él era serio sobretodo cuando interpretaba el papel de “cabeza de familia”, y correcto por llevar el apellido Miraflores, y también fuerte por los años de duro trabajo. Puede que un tanto rudo en sus expresiones de afecto, pero a mí me gustaba ese hombretón de cabello cano, que sabía mirarme como si yo fuera un regalo, creo que en el fondo siempre fue un sentimental. Yo le respetaba mucho porque aunque en público no se prodigase en abrazos, la quiso hasta el final, y la quiso de verdad. Alguna vez los había visto pasear por el jardín de atrás, cogidos de la mano, deteniendo el tiempo en sus bocas que ni siquiera sospechaban que unos ojillos negros estaban devorando cada uno de los gestos. Murió vomitando su nombre… Victoria….

Noté cómo la vena se marcaba un chotis en el lateral de mi cuello y cómo el calor le preparaba expresamente a mis mejillas, un simulacro de un día cualquiera en el infierno, un último esfuerzo…. sólo un poco más…. las manos estaban a punto de sufrir una lipotimia y me dolían sobremanera las rodillas, lo intenté de nuevo, sólo un poco más….. sólo un poco….

De pronto me encontré cómicamente sentada en el suelo, con las piernas abiertas, el atizador en una mano y uno de los tiradores del cofre en la otra.

Bueno y… ¿ahora que? El impulso inmediato fue abalanzarme literalmente sobre el cofre y sumergirme en lo que fuera que contuviese, pero algo difícilmente explicable me detuvo, era una sensación de miedo visceral que iba abotargando mi voluntad lentamente, seguía sin entender que Victoria no me hubiera hablado nunca de aquel baúl….

Siempre me entendí con mi abuela mejor que con ninguna otra persona en este mundo, sabía escucharme con tanta paciencia…. cómo se escucha a los viejos contar sus batallas, pero en este caso, invirtiendo los papeles, yo narraba y ella escuchaba. Me pasaba once meses al año anhelando la llegada del verano para poder subir a la buhardilla y encerrarme con ella durante horas, a inventar historias, entre vasos de leche fría y pasteles de coco. Escogíamos a un miembro cualquiera de la familia, y basándonos en su entorno real, lo deformábamos y reinventábamos hasta convertirlo en una historia fantástica que sobrepasara cualquier parecido con la realidad.

Pero estaba claro que algo quedó en el tintero, tan claro como que aquel arcón no me daría respuestas si no me atrevía a mirar en su interior, así que…

Un precioso vestido de novia, unos cuantos collares de poco valor, un juego de tocador y una caja.

Una caja rectangular de madera de roble barnizada, con láminas finísimas de cobre incrustadas asimétricamente en la superficie de la tapa, agradable al tacto y esta vez, sin cerraduras contra las que forcejear. En su interior un fajo no muy grueso de cartas atadas con una cinta de seda amarilla, perfectamente alineadas y ensobradas, como si se hubieran querido preservar del polvo y del tiempo, casi amorosamente. Desaté la cinta con cuidado, y seleccioné la primera carta basándome en la fecha del matasellos.

Fue entonces cuando reparé en ello, ¡la dirección!

Vamos cógelo…. Vamos… Hola?… Hola! Escucha Tomás…en el arcón… ¿qué? ¡Ah, qué tonta! El arcón de la buhardilla..., no he tenido tiempo de…. bueno, ya te contaré. Ahora necesito tu ayuda, escucha, ¿qué te dice la Calle Carlets número 13? Exacto, sí, el callejón de detrás. ¿Se te ocurre algún motivo por el que esa dirección tuviera algún vínculo directo conmigo? Es todo tan extraño…. Sí, a mi también me sonaba algo así… qué interesante… pero.. ¿los Deulofeu de la Miranda no abandonaron la casa familiar hace más de cincuenta años? ¿no se trasladaron a la calle principal del pueblo?, ¿cómo te explicas que tenga en mi poder un fajo de cartas y que todas sin excepción hayan sido remitidas a esa dirección? Incluso la última que es de hace apenas unos meses! Si, cartas… te lo contaré todo… con calma, que sí… lo prometo… ¿quieres hacerme caso? Esto es importante. La abuela tenía esas cartas en el arcón…Todo esto no tiene ningún sentido.
¿Qué?... bien, no le cuentes esto a nadie, hablamos luego… buenas noches.

Imagino que el miedo a lo desconocido es uno de los fantasmas más antiguos del ser humano, y cuando se apodera de la boca de nuestro estómago se crece en tal medida que bien podría convertirse en la pesadilla de uno de los terrores nocturnos que me asediaban de pequeña. Ahora tengo la misma impresión, como si mi estómago estuviera sentado en el extrarradio de la boca del averno, a punto de adentrarme en un mundo repleto de realidades diferentes que de algún modo están directamente relacionadas con lo oscuro, y eso me provoca vértigo en el alma.

Gracias por llamarme de nuevo. No, no estoy más tranquila y no, no me he atrevido. Escucha, he estado pensando y… mira, no te parece un poco extraño que Don Arturo haya estado siempre paseando por esta casa como un miembro más de la familía? Sí ya lo sé, no es solamente el albacea, sí, siempre se le ha aceptado como a un familiar…., pero es que es precisamente eso Tomás! eso justamente…. Sí, en eso llevas razón, nadie se hubiera atrevido a arrugar la nariz con nada de lo que pudiera hacer o deshacer la abuela, menuda era Victoria! Pero de todos modos, a mi me resulta muy raro que hayamos aceptado todos con tanta “naturalidad” que el notario de la familia nos acompañara siempre a todos los eventos familiares… que estuviera presente en las fechas importantes, bodas, partos, bautizos, cumpleaños, no sé, que pudiera presentarse a cualquier hora y sin avisar, en fin …, que se comportara como uno más de nosotros. No me lo había planteado nunca antes pero… la verdad es que es raro… ¿no te parece?

(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimecres, 30 / setembre / 2009

LA FORMA SOLITARIA DE UN NOMBRE EN EL ESPEJO


La fotografía pertenece a Nuke y forma parte de mi propuesta de interactuación con la imagen, un proyecto de colaboración para unir textos e imagen en un solo conjunto. Los datos de la autora de la imagen los encontraréis al final del poema.



La vida, de ojos abiertos, memoria prenatal,
de mares resumidos
que nos empalan con la navaja erecta,
hasta que los cuerpos se desatan
y se apagan como un fósforo,
esa, la de harina,
la que me habla de las miserias de la lluvia
cuando acaricia los tejados,
del susurro del pelo negrísimo de la noche,
y de todos los ladrillos que nos unen por la espalda,
esa, la llevo subida al lomo,
para edificar futuros malheridos,
labios interrogantes,
otoños mudos para atrincherarse
e infancias apuntando
hacia la forma solitaria de un nombre en el espejo.

No suena muy bien ni muy dulce,
suena más bien a niño viejo,
a orillas estrechas, a dolor perdido, a anhídrido
carbónico en bocas de musgo, a palabras
arriesgadas mucho mayores que yo,
atentas al presente que pasa inadvertido
y se me lleva como mujer, como eucalipto,
como frase incompleta y por ello invencible.

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Para la ilustración de este poema he tenido el honor de contar con la colaboración de Nuke, para quien crear es un modo de vida. Apasionada por la escritura y la fotografía desde muy pequeña. Tiene en marcha un futuro libro ilustrado por ella, ha publicado algún poema: "Que extraño todo sin ti", ha compuesto la letra de alguna canción con su buen amigo Israel Lorca: "Flores a destiempo", expuesto en el Teatro Lara la fotografía "LA ABUELA" y como próximas colaboraciones tiene en proyecto la portada y contaportada de un libro. Su obra la podéis consultar en:
http://retratosdeunavidadiscontinua.blogspot.com/
http://imagine-bynuke.blogspot.com
http://elrincondenuke.blogspot.com

divendres, 25 / setembre / 2009

EL SOL EXAGERA EN SU PAPEL DE EREMITA DE MI PROPIA POLUCIÓN


Imagen de una eyección de masa coronal, una onda de radiación y viento solar que se desprende del Sol en el periodo llamado Actividad Máxima Solar, que ocurre cada 11 años.La imagen ha sido extraída de: wordpress.elhistoriador.es/?tag=sol


El vapor es el fotógrafo perfecto
que inmortaliza la silueta de mi cadáver
en los espejos del cuarto de baño.

Como una parálisis rabiosa
sobre el acelerador,
me veo en habitaciones sin geografía
donde los ojos desdentados de las ventanas
escupen la ironía de las flores.

Los pétalos espesan una miel vestida de camuflaje,
dimiten las estrellas
y dejan jirones de oscuridad bajo las uñas,
y el agua, cansada, se empeña en imaginarlas
como antídoto a la mediocridad.

Una sombra de sal seduce mi huella.
El sol exagera
en su papel de eremita de mi propia polución,
para no ver abierta la piedad,
para no saber nada de la congregación de gritos
que se da cita en las palmas de mis manos,
para no escuchar
la profunda orfandad de los días, envejeciendo.

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Poema perteneciente a Pretendo que una guerrilla de poemas ataque de improviso el ático de Dios, poemario galardonado con el primer premio en el III certamen de Poesía internacional Villa de Ingenio 2008, del archipiélago canario, e incluido en el libro Duología Poética, editado por Ediciones Atenas, la portada es un diseño exclusivo de Cesc Fortuny i Fabré, quien colaboró con varias de sus obras en diferentes libros de la Editorial.

dilluns, 21 / setembre / 2009

Quién te dio permiso. Capítulo II.

Hola de nuevo, mis queridos lectores... ¿queréis seguir con nuestra historia? os invito a conocer un poquito más, tan sólo un poco.... Mmmmm....

Para los que habéis llegado tarde y queráis iniciar la lectura del primer capítulo clicad AQUI

Vamos pues....



QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO II.

Puede que los estados de ánimo sean endémicos, capaces de infectar las cosas, los muebles o los lugares, siempre he creído que los objetos también tienen alma y si la tienen, entonces ésta podría ser vulnerable y estar expuesta al exilio, como lo estamos todos.

Un luto permanente duerme en la memoria de la gran sala de estar situada en la primera planta, cruzando el descansillo a mano derecha, tras la gran puerta acristalada, y sinceramente, nunca he entendido el motivo por el que las cortinas de brocado granate ejercen de guardias de seguridad encargadas de no dejar pasar la luz bajo ningún concepto. Siempre se mantienen férreas en su papel de jueces a punto de condenar a cadena perpetua a cualquier elemento exterior.

No sé cómo se las arreglaba allí dentro la vida para seguir respirando envuelta en el viejo papel pintado de motivos florales, y rodeada de enormes cuadros, bodegones y pinturas campestres en su mayoría, que por fuerza tienen que indigestársele, con esos inmensos marcos de trabajada caoba oscura y perfiles abigarrados, pendiendo en hilera desde los altos techos de la sala hasta poco antes del friso verde oliva que abraza el perímetro inferior de las paredes hasta el suelo.

De haber podido entrar, a la mañana le hubiera dado un jamacuco, de eso no me cabe ninguna duda, pero la que lamentablemente estaba a dos pasos de la puerta, no era la mañana.

- María, ¿no vas a hacer hoy el te? Sabes que siempre lo tomo a las cinco y media, querida, o al menos a estas alturas deberías saberlo. No creo necesario recordarte que tu deber es, al menos, intentar ser una buena esposa.

Inconfundible. Esa es la boca de mi padre. Roberto Miraflores, Don Roberto como le llaman en el pueblo. Seguramente está sentado en su sillón favorito, todo él de palisandro y tapizado en pana bordó, un tanto desgastado por el uso, pero todavía altivo y digno con su respaldo capitoné de contornos redondeados. Recuerdo perfectamente cómo solía colarme en la sala para imitarle cuando era pequeña, sentarme en aquel sillón de patas acanaladas me hacía más alta, más fuerte, casi invencible, con un cojín bajo la falda para simular su volumen…en aquellos momentos, hasta mi alma descansaba en la talla central de flores, y apuntalaba el aliento en los apoyabrazos sinuosos, yo creo que crecía diez centímetros más para alcanzarle. Pero de eso hacía milenios, tantos que haría falta buscar en el dobladillo de mi sesera, en aquel lugar donde se guardan los recuerdos informes, y allí puede que encontrara alguna bolsita amarillenta de monodosis solubles de su cariño, pero es tan sólo una improbable posibilidad.

No tengo ni la más mínima idea de si le ha dolido decirlo….al menos decirlo de ese modo, aunque imagino que no, porque esa es su manera venenosa de dirigirse siempre a mamá y lo que me ha enseñado a odiarle.


- Claro querido, por supuesto. Disculpa mi torpeza, voy enseguida, ¿necesitas algo más?.

- Hoy quiero tomarlo en el juego de porcelana que mi madre guardaba en la vitrina de caoba, aunque no sea domingo.

- Por supuesto, ahora mismo lo preparo, ¿quieres que saque también la bandeja de plata?


No me explico qué diantre vio mi madre en él, ella precisamente, que es como un lunar en el escote del sol, una chispa de luz con suficiente “savoir faire” como para tomarse un aperitivo con los ángeles … en fin, imagino que el infierno también tiene sus héroes.


- Hola mamá, estaba a punto de entrar a preguntarte si vienen esta noche.

- Debo preparar el te de tu padre y ya voy con retraso, ¿te apetece una taza? acompáñame a la cocina ¿quieres? De paso podrías hacerme un favor, coge el estuche de piel marrón de la mesita donde dejo siempre la costura, y comprueba que estén todos los utensilios para que tu padre pueda fumarse su pipa, recuerda que el estuche tiene doble fondo, repasa todos los compartimentos por favor, que no falte nada en ninguno de ellos, ¿de acuerdo?

- Mira mamá, yo cojo el estuche y te lo llevo a la cocina, ¿vale? Mejor lo repasas tú que te lo sabes de memoria, yo no tengo ni idea de los aparatejos que se necesitan para fumar en pipa.

- Me parece bien hija, es sólo echarle un vistazo que no quiero oírle si faltara algo… ya sabes lo escrupuloso y metódico que es… para todo.

- Seguro que te prepararía un precioso paquete de reproches con lazo rojo de satén!,A veces todo él parece una especie de parche colocado en el lado equivocado, inútil. Si Dios fuera pirata, patentaría su ADN sin perder un minuto. ¿Sabes? Creo que ha conseguido infectarte, es como si fuerais adictos a una especie de compostura rancia sin la que os sintierais sin coordenadas suficientes para cruzar a nado vuestras vidas.

- Amira! no te consiento…., no sé para qué me esfuerzo, mira, no te me pongas a filosofar ahora Amira, que no hay tiempo, anda, ve a por el estuche que te espero en la cocina.

A veces, cuando la imagino dejando lentamente la costura sobre la mesita de centro con el tablero giratorio de cristal que tanto le gusta a mi padre para dirigirse a ese otro territorio en el que la familia Miraflores Casademunt cena a diario por miedo a que se ensucie el solemne comedor, querría lanzarme a su yugular, zarandearla hasta que fuera capaz de reaccionar, hacerle daño si fuera preciso para que pudiera abrir los ojos, cualquier cosa antes que verla rendida, con esa mirada pidiendo siempre limosna en las esquinas de un corazón que parece no haberle pertenecido nunca, tan sumisa y ausente que seguro que su sangre debe latir en blanco y negro, me duelen tanto y tanto esos huesos tristes.

Victoria me contó una vez que había habido un tiempo en el que mamá era todo risas. Un tiempo de correteos alegres vestidos de blanco, de juegos de mesa a media tarde, de reuniones familiares con jarras de limonada fresca y lavanda recién cortada, un tiempo de ilusiones jóvenes que se expandían por la casa provocando una sonrisa sincera, sobre todo por parte del abuelo Ernesto. Yo ni siquiera puedo soñarla así…


- Toma, aquí tienes el estuchito de marras, total ni siquiera ha levantado los ojos del diario, hasta su papada dormitaba con los titulares…. No sé para qué tantas molestias. En realidad me da pena, ¿sabes mamá? yo creo que ya no es más que un pobre diablo desde hace una eternidad, parece que no tenga otras pretensiones que las de no dar de qué hablar y respetar las normas “de la gente de bien”, de tan simple resulta atrozmente insulso.

- Hija! Un poco más de respeto por favor! …

- Vamos mami… que estoy viendo esa sonrisa que pasea como puma por el perímetro de tu boca… no empieces tu también con eso de las formas correctas.

- ¿Pero quién te ha enseñado a hablar?

- Mas bien pregúntame quien me ha enseñado a pensar.

- Podría oírnos alguien…por favor! Vale… está bien, no pienses que no te entiendo. Mira cielo, en esta casa parece que siempre se ha jugado a hacerle la competencia a tus bisabuelos. Eran extremadamente rigurosos, el respeto al nombre familiar era sacrosanto, como lo eran la decencia y el buen comportamiento social. Y eso fue lo que heredaron todos los demás, rectitud y rigor, nadie estaba a salvo. Algunos supimos relajarnos cuando el Señor se los llevó, pero otros honran su memoria casi con avaricia. Como dirías tú, se quedaron “oliendo a carcamal” para los restos. Pero no sirve de nada quejarse Amira, esto es lo que nos ha tocado vivir.

- Mamà… mamà. A veces me da la sensación de que llevas toda la pena del mundo sobre tus espaldas… deberías sonreír más a menudo, estás muy guapa cuando lo haces.

- Hija mía, mi niña… recuerda siempre que cuando no tenemos motivos para reír, la dignidad puede echarnos una mano. Si vivimos con dignidad, nadie sabrá de nuestras penas.

- ¿Es eso lo que haces tú? ¿Te llenas los pulmones de aire digno? ¿te hace eso sentirte más ligera? Pareces tan cansada, mamá… no estoy muy segura de que tu dignidad te sirva de antídoto para cualesquiera que sean los fantasmas que se echan la siesta en tus ojos.

- Ya estamos otra vez…anda, baja de las nubes y que conste que si te permito ser tan descarada es porque no quiero que sufras las vejaciones morales de esta maldita humanidad, dulzona, correcta y pulcramente condenada a sus propias miserias. No, tú no. Tápate siempre la nariz Amira, que tanta pulcritud apesta. Ese hedor se introduce por todos los poros de la piel y acaba siendo parte intrínseca de cada uno de nosotros. Prométeme que te taparás la nariz y que en ningún momento aceptarás ser una condenada más, prométemelo!

- ¿Quién hablaba raro? Te lo prometo mamá, me taparé la nariz y alistaré a mi alma en las filas de la resistencia, no te preocupes, no podrán poner a dieta a mi “mala educación”.

- Siempre consigues que a pesar de todo, me ría con ganas, eres una diablilla.

- La tetera ya ha empezado a protestar. Espera, deja que te ayude, ¿dónde tienes el paño cuadrado que bordaste? El del bodegón de flores en el centro, aquel que lleva un fleco de hilo dorado alrededor.

- En la alacena, hija.

- Mami… ¿quieres girarte un momento, por favor? Esto está forrado de aparadores, armarios, alacenas y hornacinas, y para más guasa son hasta del mismo color y como no podía ser de otra manera, todas están ancladas a la pared a la misma altura, exactamente tres palmos por encima del mármol que, por si no te habías dado cuenta antes, da la vuelta completa a la cocina y menos mal que a alguien se le ocurrió dejar espacio para la puerta… dime, ¿te importaría ser un “po-qui-tín” más explícita?

- Voy a tener que darle la razón a tu tía, hija…. Si no fuera porque me caes bien…. Está en la segunda estantería de la alacena situada inmediatamente a la derecha del fregadero, ¿te parece mejor así?

- Mucho mejor, gracias. ¿cojo esta bandeja?

- No, tu padre quiere la de plata, ¿vas a por ella? está en la vitrina de la esquina del fondo del salón, la que está al lado del reloj de cuco, en el estante superior encontrarás el juego de porcelana, la azucarera y la bandeja , las cucharillas deben ser las que llevan grabado el escudo familiar y no otras, ¿lo recordarás?, están en el primer cajón inferior pero ten mucho cuidado al abrirlo, utiliza el bocallave con suavidad o se encallará, ¿he sido lo suficientemente explícita?.

- Sí, señora, por cierto… ¿me descalzo? No quisiera que mis zapatos tuvieran un “affaire” con alguna de las tropecientas alfombras …

- Esa sorna…son cuatro querida, cuatro alfombras… anda, ve de una vez.

Quizá sean cuatro, lo admito, son cuatro, pero tapizan el suelo por completo. Es tan denso el aire en esa sala… la única realidad de las moléculas de oxígeno atrapadas allí dentro debe ser que la luz es tan sólo un dato amarillo incapaz de reinventarse. Para colmo esa enorme y pesada lámpara de araña dirigiendo la orquesta desde su rosetón central… no me extraña que las almas se adelgacen entre esas paredes.

- Que guapa sigue siendo, nuestras vidas podrían haber sido tan diferentes… Jamás sabrá lo mucho que amo su recuerdo, cuando llegó a esta casa. Alta y delgaducha con su vestido blanco de algodón, su falda de vuelo ancho cubriendo las rodillas… perfectas. Zapato plano de punta redonda que cubría los dedos pero no el empeine… ese empeine delicado. Lo llenaba todo con sus sonoras carcajadas, con su desenfadado ir y venir, casi siempre correteando por la casa, como una niña. Casi siempre de blanco… y riendo.

- Sí… como una niña, eso era lo que era entonces. Inocente, sana y transparente. Pero las cosas se hicieron de la mejor manera posible, Roberto, de la única manera posible. Y ahora todo está donde tiene que estar.

- Dios… ha pasado tanto tiempo….

- A fin de cuentas le has dado una buena casa, un apellido respetado, y no pasáis estrecheces, deja ya de atormentarte, Roberto, llevas demasiado tiempo viviendo en el pasado.

- Quizá tengas razón Antonio, la verdad no me deja olvidar ni perdonar…. ese es su castigo, y Dios sabe que también el mío. Intento mantener en silencio mi único reproche, lo intento Antonio, purgándolo desde mí mismo. No sé hacerlo de otra manera, no puedo hacerlo de otra manera…. Y lo lamento….

- Tú no tienes nada que lamentar Roberto, bastante has hecho ya.

- No lo entiendes, Antonio, me duele escupir veneno…. pero es ya lo único que me queda, el veneno que ella me dio….

- Perdón, no sabía que tenías compañía, papá.. tío Tono, ¿todo bien?

- ¿cuánto hace que estás ahí, Amira?

- Tan sólo venía a por el juego de te, ya me marcho, avisaré a mamá de que seremos uno más… nos acompañarás, ¿verdad tío Tono?

- Sí, me acompañará, cierra la puerta cuando salgas, hija.


(continuará...)

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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

Fuentes de las imágenes:
Lámpara araña 3: Bar Marsella-Raval:
silviacasanovaslorenzo.blogspot.com
Interior casa victoriana:
Fine Art For Kids:fafk.blogspot.com/2009_01_01_archive.html
Taza de te: www.mundorecetas.com